jueves, 20 de octubre de 2011

Presento mi nuevo libro este domingo 23/10

Presento mi libro en el marco de este evento, estoy contentísimo, voy a tener mi libro para leerlo en vivo:

(EXTRACCIÓN, CONTRATAPA, Y EPÍGRAFE AL FINAL DE LOS DATOS DE LA FECHA SI LES INTERESA)



*2° Maratón de la orquesta trompa de elefante***
*23 de Octubre, desde las 21hs *** en el Pacha
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*Poncharelo***
(Canciones increíbles)
*Poesía Estéreo***
(Humor, ironía, perspicacia y poesía, un número que te vuela la cabezaaa)
*Sol Fantín***
(Poeta, llena de pasión, un talento asombroso y como si fuera poco, pronta a sacar su próximo libro)
*Leonardo Cappucci***
(Escritor, pura lírica, te enrieda en bellas palabras, y la noche se va poniendo cada vez más mágica)
*Gabriela Muollo***
(Actriz, performer, sin una palabra, te va a robar toda la emoción)
*Diego Arbit***
(presentando su NOVENO libro!!!!!!!!!!!!! con bombos y platillos)
*Chotada Mandy***
(ellos son genialísimos, música a toda pila)
*Orquesta trompa de elefante***
(Improvisaciones con mucha actitud, la reina de la noche)

*Micrófono abierto de MUY muy muy bajo volumen***
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++++Más datos por mensaje privado++++

Algunas palabras respecto a esta novela

Este libro de cierto modo termina, o da paz, a una serie de novelas de este autor, ya publicadas, enmarcadas entre el mirar y el caminar. Sus 2 grandes pasiones. El mirar y el caminar se vuelven escritura, y la escritura se vuelve también ese mirar y caminar, como una banda de Moebius deslizándose de un plano a otro.
Por lo general comenzaría diciendo algo como: Pónganse las botas que el recorrido por la ciudad (esta ciudad) está empantanado. Pero en este caso voy a decir: Quítense el calzado a la entrada de este libro y relájense, que aquí dentro, quien pondrá las piernas, el torso, la cara, el cuerpo entero será Diego.
¿De qué habla este libro? Seguramente Diego respondería de sexo. Pero, a mi entender, habla del relato. El otro relato, el relato que quiebra con el relato, emitiendo un mensaje. Releamos la imposibilidad de contar una historia, de hablar en el ruido, de crear lazos, de construir. Pero la maravilla de esta novela, es que Diego personaje es Diego en tanto relación con su entorno. Él camina solo------solo para encontrarse con otros.
Este libro tiene que ser leído como parte de un cuerpo total más grande que él.

Sebastián Kirzner
a.k.a Sagrado Sebakis Poesía


Sólo puede conocer lo que es ganar aquel que ha saboreado la derrota. Ése que le pasó la lengua a la perdición. Que le dio un beso hasta la garganta a su miseria. Que abrazó su desdicha. Que se pegó un revolcón con el infortunio. Que le acabó en la cara a la desventura. Que caminó solo con el eco de sus zapatos en una calle oscura y sin mañana y que aún en esas condicioneS podía sentirse enamorado de sí mismo. Ganar no es más que el miedo inconcebible a perderlo todo, a quedar despojado del mundo, al margen de la vida. Los que enseñan a ganar son los más cobardes. Los que caen al primer puñetazo. El mundo ha de pertenecerle a todos los inadaptados, porque no hay nada de sano en pretender adaptarse al mundo. Y el gran problema consiste en que todos parecemos estar demasiado adaptados.

Sebastián Pablo Lastra, de su novela Féretro para dos. Editado por En el aura del sauce en el invierno del 2009


Extracciones medio al azar del libro:

La más importante de todas las historias, (noveno libro, novela)

Desembuchar quiere decir largar todo, es buen momento, creo, de dejar las tripas en la calle, porque este libro nace y muere en las veredas de Buenos Aires, ni empieza en otro lugar, ni termina en otro lugar. Voy a sufrir mucho esta vez, voy a estar más expuesto que de costumbre, y también, voy a ser más injusto.
La noche, claro, me abraza, eso lo sé, a la noche la conozco bien, el aire de la noche me abraza.
Sigo vendiendo mis libros en la calle, parece que ahora que hay cientos de artistas independientes casi todos me conocen, sin embargo sigo de vendedor ambulante, de hecho cada vez más pobre, me quejo un toque pero me enorgullece seguir siendo el que soy, veo a la masa a mi alrededor, y me muevo más lento, veo a la masa a mi alrededor, y, repito, me muevo más lento.
Quiero que este libro se meta en la piel de ustedes, quiero que este libro los haga caminar al vacío, quiero que este libro los deje vacíos, quiero que este libro mate al lector, quiero que todo sea materia, quiero que la materia explote, quiero perder el orden, quiero respirar el caos interior, quiero que respiren el caos interior, que no haya paz, que nos comamos vivos, quiero que el paseo sea interminable, quiero que el mundo me lleve de acá para allá, en estos días, en estos días elegí ir de acá para allá, pero no nos adelantemos, vamos por partes, después de todo esto es una novela, esto es ficción, un cuento que ya empezó, en la ciudad de Buenos Aires, en sus veredas, y de ahí no se va, no mis amigos, muere en la ciudad, se muere con la ciudad, que se está yendo... que se está yendo... miren... se está yendo...

El verano en Plaza Serrano y las voces hace ya tiempo de esta historia empiezo con una historia que guardé durante varios años empiezo con uno de los primeros veranos que me tocaba en Plaza Serrano, todavía no estaba la plaza invadida de turistas, aún andaba por mi tercer o cuarto libro publicado, y ahí estaba el señor, un mozo que me paró, me encaró, amistosamente, tembleque, nervioso, ojos negros y brillantes, flaco, alto, altísimo, encorvado propenso a la joroba el señor que era más bien un muchacho, atento a su alrededor, estaba laburando, mesas y mesas, más mesas muchísimas mesas, habían faltado dos camareras y una acababa de renunciar.
Mozo:- ¿Vos sos Diego?
Yo:- Sí.
Mozo:-Te leí, y también te mandé algunas cosas que escribí.
Yo:- ¿Cómo te llamás?
Mozo:- Nicolás Guiso.
Y me acordaba de él perfectamente, tenía un par de textos increíbles, se lo dije y empezamos a hablar, a charlar amistosamente, él iba y venía de una mesa a la otra, yo igual vendiendo mis libros maquinalmente, que es una edición independiente, que vale tanto, y mientras Nicolás preguntando si iban a querer café, si se iban a pedir algo de postre, ¿alguna cerveza más quizás? ¿Nacional o importada? ¿Artesanal tal vez? ¿Rubia negra o roja? ¿La picada común o especial?
Chetas acomodados garcas faloperos que nunca laburaron, asesinos yutas jueces diputados nacionales, managers de fútbol agremiados, algunos vivían de las rentas, otros de la empresa de papá, o tenían tierras, y yo dale con la edición independiente, y Nicolás despachando cervezas que valían dos de mis ejemplares cada uno de sus porrones, tres quesitos de sus picadas valía uno de mis ejemplares, pero esa gente esa noche prefería mejor darle a la picada, y que yo me fuera y dejara de molestar, porque no me iban a comprar, porque no me iban a comprar. Salí de la plaza vendí en las afueras terminé cansadísimo casi no respondían mis piernas mi espalda temblaba, me pasaba mucho eso en los primeros tres años de laburo, ahora ya tengo algunos dolores fijos pero me la banco un toque más.
Era casi el amanecer de esa noche de verano. Nicolás me pidió que lo esperara, me invitó un café en el bar, a ese bar yo no podía entrar a vender, así que cuando entré me encaró un patoba, Nicolás lo echó y me sentó, me atendió él y pagó la cuenta. Me venía bárbaro el café, pero hacía calor y me daba más ganas de escabiar algo.
Salimos escupidos Nicolás era otra persona cuando salía de laburar cada palabra era violenta y desenfrenada acompañada de otro temblequeo su cuerpo encorbado se estiraba y se echaba hacia atrás sus ojos giraban y giraban, su sonrisa nerviosa y torcida sinvergüenza de laburante medio, porteño el muchacho, porteño.
Paramos en el bar de tacheros más conocido de Palermo, en esa época todavía estaba el viejo que hacía los mejores panchos de la ciudad, pero mi garguero pedía cerveza, escabio escabiar y olvidarse de todo, las estrellas no importaban, el mundo no importaba, la vida no importaba más, mis piernas, mi espalda, por mí podía quedar cuadriplégico en ese mismo momento, pero escabiar, pero brindar, con el nuevo amigo...
Yo:- ¿Pedimos una cerveza?
Nicolás titubeó, lo pensó, y por fin aceptó. Tomaba lento su vaso, mientras yo ya estaba terminando la mitad de la botella, y ahí empezó a sincerarse.
Había empezado a salir con una chica de diecinueve años que era bipolar, él se complementaba bien con ella porque era esquizofrénico, y claro, el alcohol no le hacía bien a la medicación que estaba tomando, a él sí, según insinuaba, aunque empezaba a tambalear sentado mientras charlaba, me empecé a arrepentir, no sabía cómo quitarle el vaso, quizás si yo tomara más rápido, eso hice, me terminé la cerveza en tres tragos.
Nicolás:- ¿Pido otra cerveza? ¡Pido otra cerveza! ¡¡Vamo que vamooo!!
Bien bien, no era exactamente lo que tenía planeado, así que me relajé y me puse a escucharlo, cuando más palabras eructaba o vomitaba más violento y oscuro se ponía, furia, furia a su viejo ausente, furia a su existencia repleta de egoísmo, de injusticia, de injusticia, él no quería más injusticia cerca suyo, por eso le gustaban mis palabras, yo denunciaba, según él, yo denunciaba. Pero también mientras más furioso se ponía más tierna era su mirada, más vulnerable, todo un artista el amigo. También, claro, se veía esa cultura cristiana de barrio, racista, violenta y mezquina inculcada desde el nacimiento, traté de no discutir temas sensibles con él, después de todo ninguno de nosotros es perfecto.
Avanzada la noche, casi amaneciendo ya eran muy pocas las palabras que yo decía, lo suyo era casi un monólogo, sobre sus escritos, sobre sus vivencias, sobre su viejo, más cariñoso con su perro que con sus hijos, como si no existiesen ellos, tiró la onda de ir a pegar merca, verlo y escucharlo me hizo acordar el aroma cocainómano, se me hizo un frío en la nariz, pero no, obviamente, no pensaba tomar, solamente observaba, y en mi silencio atento empujaba, traspasaba su mirada, que largara todo lo que quería contar, o algo de lo que quería contar.
La injusticia, eso lo ponía del orto, el dueño del bar de donde veníamos acosaba a todas las camareras que laburaban ahí, o te cogías al dueño por un aumento de cien pesos más por mes o te ibas, así era en ese lugar. Se notaba que hombres no le gustaban, pensé, al dueño de ese bar, o si era medio puto yo no le gustaba, porque nunca me dejó ni asomarme a vender en su establecimiento, así que ganas no me guardaba. La injusticia a Nicolás le hervía las venas, lo podía, era más que él. Y si la injusticia era hacia una mujer la cosa se ponía seria, era capaz de cualquier cosa.
Nicolás me miró, mudo, temblando, casi traspirando, cuánta tristeza en su mirada, cuánta tristeza.
Nicolás:- Esto pasó hace dos años más o menos… había una compañera de laburo que era buenísima, muy tímida, pero re linda.
Una noche me contó que su viejo se la había cogido ¡¡¿Podés creerlo?!! ¿Cómo puede hacer eso alguien? Mi viejo era un hijo de puta ¡¡Un hijo de puta!! Todo esto es una mierda vos lo decís muy bien, salen a laburar parece que son responsables, te cuentan chistes, vuelven a sus casas y se cogen a los hijos ¿Cómo puede ser que hagan eso?
Nicolás lagrimeaba, muy poco en realidad, más bien dejó escapar un par de lágrimas, el cielo mientras tanto clareaba, clareaba temprano en realidad, el verano que nos abrazaba.
Nicolás:- ¿A quién le importa esta mierda de gente? ¿A quién le puede importar si este hijo de remil puta sigue vivo o muerto? Miserable, mentiroso…
Nicolás escupió el piso…
Nicolás:- Entonces me fui a Constitución y les dije a unos negritos drogadictos que tenía a un tipo en el baúl de mi auto, que les pagaba cien pesos a cada uno si se lo cogían, ya cagado a trompadas y todo, solamente se lo tenían que coger. Y lo hicieron los negritos, todos esos tienen SIDA. Se quedó mudo el tipo ése, no habló nada, sigue laburando como encargado en un garage, si querés te llevo un día y lo ves.
Sí, racista, y qué triste a veces es la ciudad, por qué siempre en nuestra idea de justicia hacemos otra injusticia, injusticia sobre injusticia, y claro, la traición, la traición es mía.
Yo:- Nicolás, sí, me gustaría que volviéramos a vernos, conocernos, visitar tu casa, sos un artista, cada palabra que decís está muy bien dicha, cada oración tuya tiene peso. Ojalá publiques lo que escribís, en serio te lo digo… Te prometo también que esto que me contaste no se lo voy a decir a nadie, queda acá.
Nicolás:- Sí, no quiero que lo escribas… no quiero que lo escribas…
Nunca más volvimos a vernos, pasaron ya varios años, todavía puedo ver sus ojos saltando en la madrugada de la ciudad. Y mi mano temblando mientras levantaba el vaso para brindar, para brindar.

miércoles, 19 de octubre de 2011



*2° Maratón de la orquesta trompa de elefante***

******23 de Octubre, desde las 21hs*********

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*Poncharelo***
(Canciones increíbles)
*Poesía Estéreo***
(Humor, ironía, perspicacia y poesía, un número que te vuela la cabezaaa)
*Sol Fantín***
(Poeta, llena de pasión, un talento asombroso y como si fuera poco, pronta a sacar su próximo libro)
*Leonardo Cappucci***
(Escritor, pura lírica, te enrieda en bellas palabras, y la noche se va poniendo cada vez más mágica)
*Gabriela Muollo***
(Actriz, performer, sin una palabra, te va a robar toda la emoción)
*Orquesta trompa de elefante***
(Improvisaciones con mucha actitud, la reina de la noche)
*Chotada Mandy***
(ellos son genialísimos, música a toda pila)
*Diego Arbit***
(presentando su NOVENO libro!!! con bombos y platillos)

*Micrófono abierto de MUY muy muy bajo volumen***
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