sábado, 16 de octubre de 2010

Extracción de Tríptico, Libro escrito entre Diego Arbit, Fabio Guerrero Arévalo y Darío Semino

Capítulo 5: Dorio (escrito por Darío Semino)


Notas para una posible novela:

La novela requerida entonces, debe empezar a escribirse. Llegó la hora, después de los lloriqueos y correspondientes ataques de pánico, de recopilar oraciones con la intención de...


Primer momento. Observación de la vida cotidiana. La dictadura de la ironía y el cinismo déspota. Básicamente, un mecanismo de defensa y en última instancia un modo de preservar el status quo.
El dilema de la viejita. Desde el comienzo del día uno se levanta a la mañana. Respira frío o calor (dependiendo de la época del año), se baña, desayuna, se cambia… Y sale. Abrimos la puerta para salir de casa y entrar al mundo exterior. Uno sube al colectivo para ir a trabajar y saca boleto con una somnolencia ritual en cada gesto. Uno, ese mismo que sacó boleto, se sienta en un asiento, el único asiento que hay vacío, en la tercera fila, no muy atrás, y se dispone a dormitar. Pero el colectivo se mueve, frena, dobla, salta al pasar por los baches de las calles (cortesía del Gobierno de la Ciudad) y uno, que intenta dormitar tranquilo, perdiéndose en reflexiones literarias, que si Onetti que si Borges, uno abre los ojos, tan sólo por una milésima de segundo. Y ahí es que la ve. Amenazante, parada sobre dos tambaleantes piernas de alambre, vigorosa en su senectud, agresiva y suplicante a la vez. La viejita.
El dilema comienza porque uno lleva acumulado en su interior bastante neurosis e incertidumbre. Ahí está, he ahí la viejita. En un intento ingenuo por negar lo evidente uno voltea hacia ambos lados. Registra frenético los demás asientos, sólo para corroborar que están todos llenos. Y no sólo eso. Porque el problema no es que todos los asientos estén ocupados sino que ninguna de esas personas estén dispuestas a darle el asiento a la viejita. Así comienza el dilema. Como un quiebre entre dos seguridades. Uno piensa, en primera instancia, que es su deber darle el asiento a la viejita. Pero por otro lado se encuentra con que nadie más parece dispuesto a hacer tal cosa. Entonces tal vez la viejita no sea en realidad tan viejita como para darle el asiento. Quien le ofreciera su lugar correría el alto riesgo de faltarle el respeto. Ya que es bien sabido que pocas cosas son tan terribles como la ira de una vieja que en realidad no es tan vieja.
Es bien sabido que el dilema no tiene resolución posible, al menos no con resultados positivos. Si cedemos el asiento tenemos que seguir el viaje de parados. Si no lo hacemos tendremos que hacernos la idea de que hasta el fin del mismo vamos a estar sintiéndonos culpables e incómodos con la viejita mirándonos.



(La premisa que motiva lo que antecede es clara: pasar de la vida a la escritura, generando un documentalismo literario. No se trata, es importante entenderlo, de un abuso más de la cualidad mimética sino más bien de un modo de exploración. También podemos sugerir la idea, o quizás la excusa, hedonista. Si fuéramos intelectualmente correctos encontraríamos una justificación psicoanalítica, ya que el deseo de placer y sus respectivas represiones siempre corren por cuenta de los psicoanalistas ¿Pero qué deseo, qué placer? Existe una pequeña aunque irrefutable satisfacción en el hecho de escribir, no sólo por la ilusión catárquica y la posibilidad de mandarnos la parte posteriormente, más allá de eso existe el placer del trazo, porque la escritura es, en su grado más primitivo, un trazo y nada más que un trazo. [gracias Barthes] Entonces escribiríamos esto por mero placer masturbatorio, como si usáramos nuestro semen para llenar la hoja. Y a su vez podríamos plantearnos las ventajas liberadoras que hay en ese placer. Disfrutar de la cuestión post- orgásmica para limpiar la mente y crear desde un estado de tranquilidad y pureza. Lo que muchos llaman soltar la mano.
Pero volviendo al tema del documentalismo literario habría que formular un conjunto de reglas que nos permitan desarrollar el género de forma independiente. Sin caer en la pedantería de la copia, ya no de la realidad, sino de otros géneros ya existentes, por ejemplo el periodismo. [tema aparte] Tampoco queremos hacer literatura realista ni ninguno de sus derivados, por ejemplo el costumbrismo, el naturalismo decimonónico, o la exageración cientificista del noveau roman. El documentalismo literario se encuentra más allá de ésas y otras posturas, supera todos los debates posibles acerca de la labor literaria y está llamado a ser el nuevo punto de inflexión de la historia de la literatura. El futuro es nuestro, el género ya está listo, listo para cambiar todas las reglas, solamente falta definirlo).



Historia del surgimiento, auge y caída del documentalismo literario


Los comienzos del documentalismo literario se remontan a los últimos años del siglo XX. Entre 1998 y 1999 se produjo el famoso encuentro casual, en los pasillos de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Buenos Aires, de los dos jóvenes que serían los responsables de llevar a cabo una de las revoluciones más particulares en las estructuras literarias modernas. Estos dos estudiantes de letras se llamaban: Antonio di Korda y Maximiliano Abrahan Enrique José Wilbur Esccelotto, argentino el primero y uruguayo el segundo. Esccelotto y di Korda se hicieron amigos inmediatamente “mientras nos comíamos un pancho”, según recordara posteriormente en su biografía el uruguayo.
Los primeros borradores del manifiesto fueron redactados en esos años aunque pasaron rápidamente al olvido junto con muchas otras teorías que formulaban los amigos como una forma de divertirse. “Nos juntábamos en la facultad, a veces íbamos al bar de enfrente, que con una hemorragia de creatividad había sido bautizado Platón, y nos pasábamos horas discutiendo, en ocasiones nos perdíamos las clases. Permanentemente escribíamos manifiestos que pretendían desarticular las nociones críticas que nos imponían nuestros profesores. El documentalismo literario fue uno de esos manifiestos, así nació, y muy pronto se traspapeló entre teorías y conversaciones manchadas de café”.
Pero ese borrador no estaba destinado al olvido. Pocos años después fue recuperado por di Korda quien se sintió absolutamente sorprendido de haber sido el autor de un texto tan innovador. Los dos amigos volvieron a redactar el manifiesto varias veces hasta obtener la versión definitiva, la cual fue publicada en internet, en la hoy ya mítica página de di Korda: www.archideconstruidos.com.ar. Inmediatamente después de terminar con el planteo teórico di Korda y Esccelotto comenzaron a producir textos que avalaran el manifiesto. De estos primeros años son las mejores obras del escritor argentino, entre el 2002 y el 2006 escribe y publica en internet: La odisea de las puertas, El pene de Francis Scott Fitzgerald, Llamarse di Korda, Marilyn, El cementerio de las fantasías, La etiqueta de la cerveza, Borges nunca fue joven y Gutiérrez, el tigre de Balvanera. Dueño de un estilo único, que oscila entre el cinismo cotidiano y el fanatismo mediático di Korda fue un creador incansable cuya prosa es tan vertiginosa como lo fue su vida. Se casó por primera vez a los dieciocho años con Eleonora Ascasubi, su novia de la secundaria. Ese primer matrimonio, al igual que los otros cuatro, iba a durar muy poco. Di Korda era una persona apasionada y ecléctica, que poseía un talento desmedido y una capacidad de acción desbordante. Pero esas cualidades, como suele ocurrir, venían acompañadas por la sombra de los excesos y la locura. A lo largo de los cuarenta y cinco años que duró su vida di Korda no sólo se casó cinco veces, la última con un futbolista sudafricano, sino que también se dedicó al periodismo, la docencia, la militancia sindical, la actuación y el paracaidismo. Se jactaba de hablar cinco idiomas y disfrutaba de rodearse de famosos. Las crónicas de la época lo describen como un personaje imprescindible de la noche porteña, habitué de las orgías organizadas por Cacho Alvarez, quien por esos años había abandonado la política. También era conocido como di Korda el loco, por sus ataques de delirio y su perversa obsesión con Marilyn Monroe, a quien buscaba en todas las mujeres rubias que se cruzaban por su camino. Muchos sostienen que esa fue la causa del breve pero intenso romance que mantuvo con la veterana actriz Mihrta Lhegrand. Finalmente el genial escritor, el polémico personaje murió el 5 de octubre de 2020, el mismo día de su cumpleaños, atragantado con un hueso de pollo. Dejó escrita una de las obras más originales del habla castellana, compuesta, aparte de los ya mencionados, por Canibalismo, Remoto Control, Sobacos ensopados, En busca del buscón perdido, 34 rph, Joyce estaba del orto,
Soliloquio/Coloquio, Santa Monroe y Solidez entre los más destacados. Todos sus textos mantienen la premisa de la experimentación permanente postulada desde sus comienzos, fue tal vez el único escritor que llevó hasta las últimas consecuencias el mecanismo transforterizo, o de desaparición de las fronteras. Por eso es imposible determinar si sus libros son novelas, ensayos, poemas o artículos periodísticos.
Muy diferente fue la vida de Esccelotto. Hijo de un panadero italiano, Esccelloto nació exactamente el mismo día que su amigo, el 5 de octubre de 1975. Pero aparte de eso y de su afinidad ideológica, Esccelloto no tuvo nada que ver con di Korda. Su obra consta de un solo libro el cual tuvo sucesivas reediciones a lo largo de los años. Octopuso, tal es el nombre de la obra, fue reeditado, siempre con agregados, unas sesenta y siete veces, y consta exactamente de tres mil doscientas cuarenta y siete páginas. Hay que tener en cuenta que Esccelotto vivió ciento catorce años y escribió hasta el último día de su vida.
Su juventud la pasó en Montevideo, de donde partió a los dieciocho años con su familia para instalarse en Buenos Aires. Diez años más tarde volvería a Montevideo y se quedaría allí para siempre. Extremadamente celoso de su privacidad, nunca fue una figura pública, daba muy pocas entrevistas y nunca permitía que lo filmaran o lo fotografiaran. Antes de morir exigió tajantemente que jamás se publicara ninguna biografía suya que no fuera la que hizo su esposa Celeste Klein. Y nunca fue a recibir ninguno de los incontables premios que se le ofrecían, rechazó el premio Cervantes, el Príncipe de Asturias y el Nobel.
Hablar de Esccelloto significa hablar de Octopuso, el descomunal libro que elude todas las definiciones. Hasta el día de hoy los críticos no logran llegar a un acuerdo acerca de su naturaleza. Mientras que algunos detractores sostienen que se trata simplemente de una novela larga otros tienden a considerarlo no sólo como la manifestación más acabada sino también como la superación misma de la transfronterización. El libro se plantea en un principio como la corroboración empírica de la teoría de la novela. “Todo lo que puede escribirse puede escribirse en la novela”. Pero a medida que el texto avanza se desprende no sólo del discurso sino también de la intención de ficcionalización, para terminar convirtiéndose en una refutación de la misma cita que pretendía corroborar. Hay especialistas que sitúan en Octopuso el final de la novela post-moderna que había comenzado con Ulises de James Joyce. Otros no están de acuerdo y consideran que Octopuso no es un solo libro, es más bien una recopilación de libros que se realizó a lo largo de los noventa años que duró su escritura. Más allá de las discusiones es indudable que Octopuso ocupa un lugar fundamental, para bien o para mal, en la historia de la literatura universal.
El documentalismo literario no acabó en las obras de di Korda y Esccelotto. Después de que el manifiesto fuera publicado en internet muchos jóvenes escritores que no encontraban un modo de expresión adecuado se sintieron identificados con la propuesta. Es importante tener en cuenta que el documentalismo literario fue uno de los primeros movimientos en desarrollarse paralelamente en varios países del mundo. Durante la primer década del milenio existió una escuela de escritores documentalistas en los cinco continentes, escribiendo en diferentes idiomas y sin conocerse entre ellos. La lista de nombres es larga y heterogénea, se destacan en ella el español Albertino Sánchez, el colombiano Fernando Nágera, los estadounidenses John Somerset y Melanie Rodríguez, el nicaragüense Ricardo Félix de la Haya, el alemán Werner Kretksz, la inglesa Eva Johnson Mills, el japonés Ryunosuke Nishi, el ruso Alexander Gorlof y la escritora india conocida como Avalokitesvara que también fue la tercer esposa de di Korda.
A principios de la década del 10´ el documentalismo literario se había ramificado subterráneamente por todo el globo. El reconocimiento para sus dos creadores se plasmó en cierto rédito económico de las ventas de sus libros a pesar de que nunca fueron tan masivos como prestigiosos. En 2012, con el dinero obtenido por sus múltiples trabajos, di Korda fundó la Editorial Sandokán como un espacio desde el cual combatir el monopolio de las grandes editoriales manejadas por empresas multinacionales. La elección del nombre es una manera de honrar a quien representaba el primer acercamiento a la literatura para el niño di Korda.
A medida que fue avanzando la segunda década del siglo se generó en la literatura a nivel mundial una situación particular debido a la aparición del documentalismo literario. Se produjo una división del terreno entre quienes postulaban al nuevo género como la única forma posible de hacer literatura y quienes se negaban a aceptar las innovaciones propuestas por el manifiesto. El segundo grupo de escritores continuó desarrollando una noción de la literatura que no tenía en cuenta siquiera la existencia del manifiesto y sus seguidores. Podría decirse que el documentalismo literario casi nunca fue atacado sino simplemente despreciado, negado con indiferencia. La figura polémica y mediática de di Korda produjo que muchos literatos consideraran que el movimiento carecía de contenido y solidez.
Todavía hoy existen muchas interrogantes acerca del documentalismo literario. Una vez pasado su momento de mayor efervescencia fue lentamente quedando de lado. A pesar de esto su influencia se plasmó en la mayoría de los escritores de las generaciones siguientes de forma tal vez inconsciente. Muchos de los nombres que le dieron brillo al movimiento están actualmente olvidados o se destacan como individuos independientes pero no como parte de un grupo.


Bueno, bueno, acabo de inventar la historia de un movimiento. La incapacidad de redactar un manifiesto engendra la capacidad para inventar sus consecuencias. Es una de las posibilidades de la escritura. Si no tengo nada que escribir me invento un linaje, una corriente en la cual situarme. Me hago el borgeano y listo.

jueves, 7 de octubre de 2010

Extracción de Empiezo a caminar en círculos

Pero yo quería conseguir un trabajo, quería juntar un par de pesos quería sentir que podía dejar un par de pesos en mi casa al final de cada mes. Era tan poca la plata que conseguía con la venta de libros, eran tantas las noches que había perdido por dedicarme a la venta de libros, era tanta la humillación que recibía gracias a la venta de libros, y para qué, y para qué. Esa mañana me decidí por el aviso de M.Ka.Y. Mi situación en M.Ka.Y fue lamentable.
Cuando llegué había un montón de gente llenando solicitudes de empleo, todos sentados en sillas en la sala de espera había mucho movimiento parecían ser muchos los empleados de aquí para allá repartiendo solicitudes trabajando andá a saber en qué, porque iban en grupos todos trajeados charlando tratándose de usted, era muy impresionante la forma en que se trataba esa gente, de acá para allá sí señor, de allá para acá no señor, disculpe si discrepo. Pero la mayoría de las personas que estábamos en ese lugar éramos postulantes. Me postulé para vendedor, quiero ser vendedor anoté en la solicitud. En esa solicitud habían muchas preguntas, me pedían muchos datos, datos que no quería dar, y que no di a M.Ka.Y. Me trataron muy bien en la entrevista, y muy amablemente me llamaron a una entrevista más, pero trajeado. Tenía que conseguir un traje, tenía que conseguir saco y corbata para trabajar en M.Ka.Y.
Al otro día con traje prestado me presenté en el mismo lugar, la señorita Gugliagone, la persona que me hizo la primera entrevista me había llamado para esa mañana soleada en el micro centro. Éramos pocos los que sentados en la sala de espera, muy bien vestidos esperábamos ser llamados. De vez en cuando aparecían dos o tres trajeados que charlaban.
El primer trajeado:- Disculpe señor pero los vendedores nos están fallando con las cobranzas.
El segundo trajeado:- Usted señor, es el responsable de que los vendedores realicen las cobranzas.
El primer trajeado:- ¡Disculpe señor pero usted tiene que comprender que el tiempo no me alcanza! ¡¡Y si los vendedores son incompetentes no es mi responsabilidad!!
Segundo trajeado:- ¡¡¡No me grite delante de la gente!!!
Los trajeados entraron por la derecha y subieron por las escaleras de la izquierda, las escaleras daban a la salida del edificio. A mi derecha habían dos personas sentadas, una mujer y un hombre. Todos de mi edad. Todos con cara de póquer esperábamos ser entrevistados, nadie confiaba en nadie, todos nos cuidábamos de hablar con el del costado, en perfecto silencio esperábamos, sentados derechos erguidos casi sin movernos hasta que Gugliagone apareció.
Nos invitó a que la siguiéramos por las escaleras hacia abajo, hacia el subsuelo, en el subsuelo habían muchas mesas con muchos empleados que hacían entrevistas a los postulantes.
Gugliagone:- A ustedes los elegí porque son los mejores, casi todos ustedes van a ser contratados.
Todos sonreímos complacientes, en silencio esperábamos saber un poco más sobre nuestro futuro trabajo.
Gugliagone:- Esta empresa creció muchísimo en lo que va de este año, al principio éramos nada más que quince empleados, pero ahora somos más de ciento cincuenta, vamos a tener que hacer una sucursal, pronto va a empezar a funcionar en Quilmes, acá ya no tenemos lugar, esta empresa, a la que ya puedo decir que es mía, da grandes cantidades de fuentes de trabajo y posibilidades de ascender en muy poco tiempo, yo trabajo hace tres meses nada más y ya soy responsable de Recursos Humanos, ya saben, cuando necesiten alguna cosita cuando tengan alguna duda se acercan a mí, la señorita Gugliagone, y yo de muy buen gusto los voy a ayudar en lo que pueda.
Gugliagone sonrió cómplice a todos nosotros alguno que otro se rió, ji ji ji, gracias señorita, muchas gracias señorita, ji ji ji, ji ji ji.
Gugliagone:- Hoy tienen la suerte de que esté presente entre nosotros el señor Mercado ¿Saben quién es el señor Mercado? ¡¡El ideólogo y socio principal de M.Ka.Y!! Desde que yo trabajo acá fueron muy pocas las veces que el señor Mercado estuvo presente, si tienen la infinita suerte de que Mercado se les acerque y les pregunte alguna cosa sáquenle muchísimo provecho a sus consejos y enseñanzas, el señor Mercado es un genio, él en persona eligió a la señora Corva, y ella en persona los va a introducir a un nuevo mundo para ustedes, ella les va a mostrar que con las ventas se puede llegar a ganar muchísimo dinero, ella en persona, a cada uno de ustedes les va a demostrar que ustedes pueden llegar a ser tan buenos como ella ¿Saben cuánto gana la señora Corva por mes? ¡¡Diez mil pesos!! ¡¡Diez mil pesos en ventas!! Corva dejó un puesto gerencial en otra empresa solamente para estar cerca del señor Mercado, Corva decidió ella sola ocupar un puesto inferior en esta empresa porque creyó en esta empresa ¿Y saben qué pasó? La otra empresa se fundió, y M.Ka.Y. sigue existiendo. Pero eso no es todo, M.Ka.Y. tiene ahora los clientes de la empresa en la que trabajaba la señora Corva ¿Y saben por qué? Porque en M.Ka.Y. trabajamos los mejores, y ustedes son los mejores, yo los elegí, y a mí la señora Corva me tiene mucha confianza, así como la señora Guerrero, a la señora Guerrero es a la que yo respondo, y ustedes también, la señora Guerrero es como mi mamá, me enseñó personalmente me confió el puesto que tengo, presten mucha atención a lo que les diga la señora Guerrero porque sabe muchísimo. La señora Guerrero coordina la mitad de los grupos de ventas, la otra mitad los coordina la señora Corva. Bueno ¿Qué les parece?
Todos la miramos en silencio.
Gugliagone nos miraba sonriendo.
Gugliagone:- Digan algo.
Todos la miramos en silencio.
Gugliagone nos hizo a cada uno las mismas preguntas que nos había hecho en la primera entrevista, pero delante de los demás. Después nos despidió y nos citó para una nueva entrevista al día siguiente, cuando nos estábamos por ir le pidió a uno que estaba con nosotros que se quedara con ella a charlar...
El peso que yo sentía era infinito, la tristeza el manoseo eterno del que buscaba trabajo, era la primera vez que llevaba puesto un traje en mi vida, y no me quedaba mal, me miraba en las vidrieras y me gustaba verme de traje, en el micro centro mucha gente iba vestida de la misma manera que yo, ninguno de los trajeados parecía tener mucho apuro al caminar ¿Cuántos de todos estos serían desocupados como yo? Todos parecían tener la misma mirada de derrota sus gestos parecían trasmitir el mismo cansancio la misma opresión parecían soportar al igual que yo un chamuyero distinto un forro distinto una propuesta de trabajo distinta un manoseo siempre te maltrataban te mentían te ofrecían mierda poco sueldo promesas que no se cumplían negocios supuestamente redondos que no podían fallar, o trabajos fijos de mucha responsabilidad a muy bajo sueldo, y ese sueldo podría ser que no te lo fueran a pagar, los muy conchudos te cagaban con una sonrisa de oreja a oreja, muy satisfechos estafaban a los que necesitaban trabajar, jugaban con las esperanzas del que necesitaba trabajo. Cuando terminaba su jornada diaria de cagar personas se iban de copas a los bares de Palermo, entre risas y alcohol se reían mientras leían en voz alta alguno de mis libros, a veces entre risas me lo compraban, a veces entre risas me mandaban a cagar, a cagar con mis palabras, a dormir con mis palabras que pesaban en mi espalda, en mi mochila cargada de libros, de palabras cansadas que contaban tristemente mi trabajo de bar a bar, y de ese bar a otro, y de ese otro a otro distinto.
Sin embargo fui a la nueva entrevista en M.Ka.Y., la desconfianza era grande, pero la curiosidad también. Estábamos todos los de la entrevista anterior menos la persona que Gugliagone había pedido que se quedara a charlar. También habían otras personas de traje que esperaban ser entrevistadas, y otras personas trajeadas que se despedían de una entrevista con su entrevistador, empecé a reconocer caras, noté que no eran tantos los entrevistadores, y por lo tanto los empleados fijos en la empresa, la mayoría de las personas que veía eran postulantes como yo. Gugliagone nos sentó en otra mesa y trató de buscar de ver qué tanto entusiasmo teníamos, alrededor nuestro muchos eran entrevistados.
Gugliagone:- Hoy es un día de sorpresas ¡Van a conocer a la señora Corva!
“¡Qué bueno!” respondió alguno con la misma falsedad que Gugliagone. Gugliagone nos preguntó si ya nos habían hecho firmar el contrato, nos preguntó si ya nos había llevado a visitar las oficinas del edificio donde funcionaba el sector de telemaketing, nos preguntó si nos quedaba alguna duda sobre nuestro trabajo, y entonces tuvimos que decirle que jamás nos lo había explicado. Obviamente la teníamos que disculpar, pero creía que todo estaba claro ¿sabíamos nosotros lo que era una comercializadora? Y alguno que otro lo sabía. Ese nos explicó que era una empresa que se dedicaba a vender un producto en particular, en general, al igual que M.Ka.Y., se dedicaban a vender insumos de computación y telefónica. M.Ka.Y. se dedicaba actualmente a la venta de... pero eso nos lo iba a explicar la señora Corva, si la seguíamos a la señorita Gugliagone la íbamos a conocer, cinco o seis entrevistadores en la puerta de una especie de pequeña sala de cine pero sin pantalla se juntaban a charlar, treinta o cuarenta entrevistados traspirábamos la gota gorda sentados en las butacas muertos de calor el traje nos estaba matando. Pero fue corta la espera, la señora Corva llegó. Era una mujer de unos treinta y cinco años muy cheta, con una perfecta dicción, ¿Con quién habrá estudiado teatro? ¿Con Norman Briski? ¿Con Serrano? Porque la señora Corva era una excelente actriz, una gran vendedora, una mejor oradora, una reverenda mierda de persona, Corva, si estás leyendo esto, sabé que tengo una bala guardada para vos. La señora Corva nos llevaba con su especie de conferencia de marketing a las distintas facetas a las distintas situaciones que nos podemos encontrar al vender nuestro producto ¿Y cuál era el producto? Un handy, no un handy, porque era un handy con celular, su marca ¡Telnex! ¡Mucho más que un Handy! Telnex estaba tratando de agrandar su mercado, quería conseguir vender además de a grandes empresas para su uso interno, a las familias a la gente común, en particular al grupo familiar, a las familias de clase media que tenían hijos que trabajaban todo el día o que estudiaban y trabajaban, quería que toda esa familia comprara un equipo de handy, que también era celular, dos por uno, una ganga. Empecé a entender la necesidad de que los futuros empleados fuéramos jóvenes y en lo posible estudiantes terciarios y universitarios, no éramos empleados, éramos los futuros usuarios del celular del orto los que estábamos escuchando a la señora Corva hablar. Salimos con nuevas dudas, volvimos a la mesa donde estaba Gugliagone, Gugliagone nos esperaba llena de entusiasmo ¿Habíamos visto lo brillante que era la señora Corva? Pse, habíamos visto ¿Qué nos parecía todo? Lindo, lindo. Pero no nos teníamos que quedar callados ¡Nos tenía otra sorpresa! Gugliagone se paró y se fue, enseguida volvió con una señora de unos cuarenta años muy encantadora, era la señora Guerrero. Guerrero nos hizo otra vez las preguntas que ya nos había hecho dos veces Gugliagone, pero la forma el aire que transmitía la señora Guerrero demostraba que con ella no se jodía, la señora Guerrero era la que decidiría quien iba a ser contratado y quien no. Luego de la charla que fue muy interesante, charlamos sobre la situación del país, charlamos sobre la vida, quedamos a los besos, luego de ese buen momento la señora Guerrero nos dijo que ella, personalmente, nos iba a llamar para concertar una nueva entrevista con un entrenador personal en ventas.
Salí más hecho mierda que nunca de ese sótano podrido, necesitaba pelearme con alguien, necesitaba descargar en alguna persona toda mi frustración, toda mi vida era una mentira, todas las personas unas chamuyeras de mierda detrás de cada persona había un cagador, concha de la lora pensaba, la rechoncha de la lora.
Tomé el subte B rumbo a casa, por suerte no estaba muy lleno. Los vendedores pasaban en fila, estaba el que vendía tijera con costurero, todo un peso, estaba el que vendía funda para control remoto, un peso nada más, estaba el que vendía revistas de crucigramas, cuatro por un peso, y entonces apareció un nene saltando y chiflando al ritmo de uno de sus pies que zapateaba en el piso del vagón. El sistema era el siguiente, chiflaba dos veces y le daba la mano y un beso a un pasajero, después le ofrecía una estampita por una moneda, dejaba a ese pasajero y chiflaba otras dos veces, para saltar después a upa del pasajero que tenía al lado, y a upa del pasajero le daba un beso le ofrecía una estampita a cambio de una moneda, a mí me tocó solamente beso, nada de upa para mí. Le di la moneda y no acepté la estampita, enfrente mío un pasajero jugueteó un rato con el nene que pedía, lo cacheteó amigablemente, le tocó la nariz, amagó con jugar de manos con el pendejo, y después cuando se despidió sin darle dinero empezó a hablar en voz alta para todos los pasajeros, no muy lejos estaba el nene pidiendo plata a otras personas. Una mujer con la concha sellada le dio charla al señor.
Pasajero:- No hay que darle plata, porque si le dan plata se va a acostumbrar a hacer monadas todo el tiempo. Se va a creer que la vida es así. Y la vida no es así. En la vida hay que aprender a laburar.
Pasajera concha sellada:- Además todo esto es una mafia. Están todos pagados. Les obligan pobres criaturas a salir a pedir plata. Si uno les da plata alimenta la mafia de la calle.
¿Qué decían este par de hijos de puta? ¡¿Qué mierda estaban diciendo?! Ese que se la daba de amiguito de nene ¿Qué mierda dice?
Yo:- ¿¡Que decís la concha de tu madre!? ¡¡¡¿Qué mierda te pasa la concha de tu madre!!!? ¡Te hablé a vos la concha de tu madre?!!!
El hombre trataba de mirar para otro lado pero no podía evitar mirarme de reojo, la concha sellada se sentó más lejos del pasajero, agarrada a su cartera.
Yo:- ¿Vos tenés idea lo que es salir a pedir plata a la calle? ¡A vos te hablo hijo de puta! ¡¡La puta que te parió!! ¡¡La concha de tu madre!! ¡¡¡Hijo de puta!!! ¿Vos saliste a pedir plata alguna vez? ¡¡¡Contestame o te cueteo acá mismo!!!
Hice bulto con mi mano adentro del bolsillo y le apunté, me paré, me fui acercando, la gente quieta en su lugar no decía nada.
Pasajero:- No, nunca pedí plata.
Yo:- Bajate.
El subte había parado en la estación Pasteur.
Yo:- ¡¡Bajate y la puta que te parió!!
El pasajero se bajó gracias a mis empujones cortitos medio disimulados.
Yo:- No digas nada o te hago mierda.
A los empujones cruzamos juntos el molinete, del otro lado del molinete saqué mi mano del bolsillo con una sonrisa llena de odio, luego vacié mis bolsillos para que viera que no había nada adentro. El pasajero en silencio se fue a la ventanilla a sacar otro pasaje para el subte.
Yo:- La puta que te parió, a estos garcas de mierdas le pagás dos boletos y a un nene que pide plata lo basureás ¡La concha de tu madre! ¡Pelotudo!
Pasajero:- ¿Y qué querés que haga?
Yo:- ¡Reclamale al guarda pasar gratis! ¡Decile que un loco te obligó a salir! ¡Deciles que un loquito te obligo a bajar del subte!
El guarda miraba algo nervioso, un policía se acercó. El pasajero con la cabeza gacha pagó el pasaje y cruzó el molinete sin mirarme ni mirar a nadie.
Yo:- Cagonciito, cagoncito, que la pases bien ¡Putito! ¡¡Re putito!!
Me fui de la estación y caminé hasta mi casa, tenía ganas de llorar.
Dos días después me llamó Guerrero, tenía una entrevista de adiestramiento en MkaY al día siguiente, por la tarde, con el señor Guglielmi, además iba a firmar contrato.
Llegué a las 14:30 puntual. Una hora después apareció Guglielmi escoltado por la señorita Gugliagone que nos presentó.
Guglielmi me llevó a la misma sala de entrevistas de siempre, pero a un escritorio alejado del escritorio de la señorita Gugliagone.
Guglielmi me hizo unas preguntas sobre el producto a vender, quería saber si estaba al tanto, como vio que sí sonrió paternalmente, Guglielmi empezó a charlar, teníamos que distendernos, a Guglielmi le gustaban...las picadas, todo legal. A mí me gustaba la literatura, pero sobre literatura con Guglielmi no podía charlar, y yo sobre fierros ni idea, yo sabía que el Ford Falcon era un buen auto, aunque gastaba mucha nafta, pero el Ford Falcon era un auto viejo. Guglielmi me explicó como podía llegar a ascender. Primero tenía que vender dos equipos de handy, con dos equipos ascendería a adiestrador, o sea tendría un puesto como el de Guglielmi, si yo conocía a una casa de remises, o le quería vender a un amigo, o a mi familia, estaba ascendido, y después a cazar giles como adiestrador ¿Quería ir a firmar contrato? Pero como no, hicimos la cola, habían muchos futuros empleados de M.Ka.Y. esperando firmar contrato. Le pegué una buena leída, todo legal, sueldo mínimo, muy mínimo, casi nada a cambio de mis servicios de vendedor, firmé y me fui ¿Cuántos como yo serían los que firmaban contrato y nunca más aparecían? ¿A cuántos chamuyaba al pedo por día Guglielmi? ¿Le rendía trabajar de garca?
Había arreglado encontrarme con mi mujer en el centro, en cuanto la vi le di un abrazo grande, enorme, me colgué de su cuerpito, descargué en su cuerpito toda la desilusión toda la mugre que esa semana había tragado, Noemí me acarició la cara, despacito, me dio un beso en la nariz, me dio un beso en cada ojo, y después me abrazó. Caminamos muy lentamente por las calles del centro, los autos pasaban y tocaban bocinas, la gente no miraba a las demás personas todos apurados iban de acá para allá, por cada cuadra por lo menos dos personas pedían limosnas, de cada tres tachos de basura por lo menos en uno alguien buscaba latas o algo para comer. Noemí me apretaba fuerte y me contaba lo que había pasado ese día en su trabajo. Noemí me hacía olvidar del peso de mis pasos por lo menos por un rato, por lo menos un rato para descansar, para olvidar lo que me había pasado...