lunes, 9 de agosto de 2010

Extracción de En las paredes de la fábrica de hombres ( novela del año 2001)

Por las noches no podía dormir. Caminaba de una pared a otra buscando poner en blanco mi mente. Las imágenes del curso me molestaban, era patético pero las palabras la gran farsa de Clo-clo mi complicidad con Clo-clo con el sistema de explotación de la gente la mentira el fusilamiento de sueños con una sonrisa te explico como te vamos a recagar soy tu empleador pero a la vez un empleado vos podés llegar a mi lugar rompete el culo cagate en tu vida cagate encima llená de mierda a tus subordinados que así van a trabajar mejor ¿no me creés? ¿no estás seguro? tratá de hacerte el buenito todo el tiempo y vas a ver como te pasan por encima vas a ver como te quitan el puesto tu casa tu familia tu vida entera, tu trabajo. Nada más y nada menos. Es muy lindo andar de buenito todo bien pero así no va, existen pautas, y las pautas hay que cumplirlas, “bueno viejo, te deseo suerte, bienvenido a Clo-clo” me dijo mi jefa de personal con una cordialidad severa, seca. Era mi primer día de trabajo real en el supermercado ¿Qué hacés acá Dieguito? ¿Cómo llegaste a esto?
Hasta que me presentaron a mi supervisora, Casandra Ballenato, no pensé que tamañas dimensiones pudieran entrar en un pulóver, me es imposible calcular cuántas ovejas hicieron falta para juntar la cantidad de lana necesaria. He ido al zoológico de niño, me ha impresionado con una grotesca simpatía el hipopótamo por su forma de caminar bostezar cagar o moverse, pero aunque encuentro en Casandra Ballenato algún punto de comparación con dicho animal, debo decir que la primera impresión no fue grata, no vi en mi vida al hipopótamo una vez, lo he visto muchas veces, pero aún con la experiencia de enfrentarme anteriormente en reiteradas ocasiones a un espécimen similar a la señora Ballenato me sentí superado. Quizás el hecho de que el animal no estuviera enjaulado. No lo podría asegurar.
Mis primeros días de adaptación fueron confusos, trataba de retener los rostros y nombres de mis compañeros de trabajo intentaba contestar a los clientes mientras cobraba atenderlos bien, me había encaprichado con ser responsable, “pero como no señora , pero como no señor”, ¿y el mareo la presión el desencanto?, me tenían cagando y no lo podía manejar. La cola llegaba hasta la otra punta del supermercado. Casi todo el mundo me puteaba decía estar una hora esperando que le cobre había que aumentar la velocidad, “este billete es falso señora”, 50 pesos, casi una semana de trabajo en el supermercado, si me agarraban con un billete falso tenía que firmar un vale por adelanto de sueldo, en el recibo aparecería como adelanto de sueldo, pero el billete se lo quedaría Clo-clo para el libro de billetes falsos, una gran carpeta repleta de billetes “observen bien atentos aprendan cómo son los falsos aprendan de las desgracias de sus compañeros pero miren rápido que hay mucha gente comprando a trabajar muevan el culo saquen clientes tengan una buena productividad, su principal función es sacar clientes”, pero la señora tenía 50 pesos falsos y había que esperar que dejara de gritar, Casandra Ballenato trataba de explicarle que no podíamos aceptar un billete falso porque el banco lo iba a rechazar, lo iba a sellar como falso y se lo iba a quedar, mientras tanto la gente de la cola a las puteadas, y cuando por fin empecé a cobrar todo el mundo me explicaba que recién le dieron el billete en el banco. “Es bueno me lo dieron en el banco” me contaba una vieja asustada no vaya a ser era su única plata, cada dos días, o cada tres días, su hijo mayor conseguía algo de plata de alguna changa o de su antiguo patrón, Don Francisco echó a Marianito hijo de la señora Claudia cuando se fundió. Marianito llegó una mañana a la fábrica y la fábrica estaba cerrada. Marianito tardó tres meses en conseguir la dirección de Don Francisco. El sol pegaba muy fuerte esa mañana que Marianito tocaba el timbre del chalet donde vivía Don Francisco. Don Francisco salió con un revólver en la mano. Mientras apuntaba a la cabeza de Marianito explicaba a los gritos lo ladrón parásito todos querían quitarle su plata, el fisco la municipalidad el banco y ahora Marianito, quién mierda se creía Marianito negro de mierda para venir a su casa adelante de toda su familia y romperle las pelotas por unos pesos de mierda. El rostro duro desencantado de Marianito no pudo evitar lagrimear. “Me debe 7 meses de sueldo. Gasté 3 pesos que me prestó una vecina en llegar hasta acá. Tengo una familia que alimentar. Le estoy suplicando por las buenas lo que me debe Don Francisco”, dijo Marianito con la voz ahogada. Esa mañana se fue con treinta pesos. A los dos días Don Francisco le dio 50 y a los tres veinte. Desde hacía un año más o menos Marianito intentaba ir cobrando lo que Don Francisco le debía. La señora Claudia, viuda jubilada de casi 70 años no sabía nada de billetes. La noche anterior Marianito llegó con 50 pesos arrugados a su casa. “Me lo dieron en el banco” me explicaba Claudia asustada. Pero el billete era falso y yo no la podía ayudar. Casandra Ballenato tampoco. Y para colmo la gente de atrás a las puteadas... “Buenos días ¿Clo-clo se los frunce?... Buenos días ¿Clo-clo se los frunce?...”
Las paradojas las injusticias el maltrato el acto miserable de controlar llevaba a posibles situaciones ridículas. Veamos este ejemplo. El máximo de diferencia permitida en sobrante o faltante de dinero a un cajero de Clo-clo era de dos pesos. En cualquier momento de mi jornada laboral podía hacerme un superior, sea un auxiliar de cajas sea mi supervisor (el hipopótamo anteriormente descrito), un arqueo de caja. Si al contar la plata mi caja daba mal se recontaba con mi control. Si el recuento daba igual se documentaba el error en mi ficha “fucsia”. Todos los empleados de Clo-clo teníamos una ficha “fucsia” que controlaba nuestros errores, sólo los errores eran documentados. Ahora bien, podía ocurrir que un cajero tuviera a las 15:30 un faltante de caja de dos pesos con tres centavos. El cajero debía firmar vale por toda la cantidad, no sólo los centavos, y seguir con su trabajo. Al final del día la caja podría tener una diferencia de sólo 1 peso con ochenta y siete centavos. La caja dio bien. Pero de cualquier manera el faltante quedaba documentado y el vale firmado. El anticipo aparecía en el recibo mensual y no había discusión que valiera con la señora Ballenato. Si sucediera que ese mes uno tuviera algunos errores más, una falta justificada o no un pedo desubicado una sonrisa molesta para la supervisora un día malo del auditor de cajas y uno podía perder los premios y quizás hasta los tickets. Uno se había matado laburando todo el mes por una miseria, pero resultaba que al final la miseria era menor. Y uno se agachaba, que se le iba a hacer, afuera llovía nadie en la calle el supermercado vacío. Todos los empleados esa tarde más descansados miraban la vereda contaban las horas que faltaban para irse. Un borracho amagaba con entrar pero seguridad lo echaba. El borracho cantaba con una hermosísima voz cada vez que entraba. Al de seguridad le gustaba pero lo tenía que echar. Era su trabajo. La voz se acercaba y alejaba bruscamente. En mi quietud trataba de seguir la canción. Trataba de aferrarme a la melodía. Cuando la lluvia pasó cuando vino toda la gente junta apelotonada queriendo comprar yo tarareaba la canción entre dientes y desafinando. Esa melodía fue una bendición y yo ni siquiera pude ver la cara del borracho. Nunca más apareció. Mi homenaje anónimo en las calles de Villa Crespo con su desencanto sus árboles ancianos que me acompañan con su viento melancólico, tantos pasos a ningún lado por las calles de mi ciudad tanta tristeza cabizbaja tantas historias tristes repetidas en las paredes de mi ciudad mi barrio de la infancia. Apolinario Figueroa al 200. Luis Viale y Olaya. Warnes y Scalabrini Ortiz. Camargo y Lavalleja. Una vueltita corta antes de llegar a casa. Serían ya dos meses que trabajaba en el supermercado... “Buenos días ¿Clo-clo se los frunce?”

1 comentario:

  1. compre este libro en san marcos sierras y lo liquide al toque. resulta muy entretenido, dinamico.un abrazo

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