martes, 29 de junio de 2010

Extracción de mi libro Nada para nadie, año 2008

La vida no es otra cosa que bruma y viento la memoria ese ventolín que te susurra que te dice cosas en presente cosas que pasaron que ya no están más, o que sí están, porque lo que sale a la luz duele, golpea el estómago, arde en las costillas, los recuerdos que quedan guardados marean y deshidratan, los recuerdos que tengo para contar en este libro o en algún otro libro hasta cuando son felices muy felices duelen hasta sacar lágrimas, y este recuerdo que quiero contar no es feliz, para nada....
Yo ya estaba saliendo con Griselda, Fabián y yo entonces, como les había contado, muy bien no andábamos. La vida en sí era complicada y confusa. Habíamos tomado el tren desde Paso del Rey hasta Moreno colados, y esperábamos ahora sentados en un banco en la plaza principal la llegada del colectivo de Fabián hasta La Perlita o del mío hasta Las Catonas, Complejo habitacional Las Catonas de Moreno, en ruta 23. Ya ni me acuerdo qué le estaba contando a Fabián aunque sí recuerdo que él no me prestaba mucha atención, cada tanto bufaba. Él y yo en lo que estábamos de acuerdo era en encontrar a una linda chica como para mirar en algún lado, buscábamos y comentábamos que no había nada a esa hora. Pasó un chabón de unos cuarenta años, le comenté a Fabián que lo único que se podía levantar de noche eran chabones. Los putos eran los que mandaban en Moreno, por la noche, y en ese momento era de noche, muy tarde. Y el chabón no sé si escuchó el comentario o qué pero se sentó en un banco cerca del nuestro.
Llegó el colectivo de Fabián. Fabián bufó, se paró y se marchó. Me fui a la parada. En cuanto llegué a mi parada sentí que me tocaban el hombro. Era el chabón.

Chabón:- ¿Fumás?

Yo:- No.

Se encendió un cigarrillo y me guiñó el ojo, me agarró fuerte un brazo. Me llevaba una cabeza el chabón, tenía una espalda grande, casi no había gente, a ver a ver. Un mendigo sin piernas medio dormido acostado al lado de su vómito, un par de puesteros, uno que vendía golosinas y otro que tenía un buffet al paso, que miraban de reojo la situación pero sin hacerse cargo. Una madre con un hijo medio tonto. Un par de borrachos, cinco o seis tipos que venían de trabajar, con la cabeza gacha, esperando el 203, el 203 me dejaba bien, y la parada estaba más llena que la del 311. No dudé, me solté y me fui a la otra parada de colectivo. Pero otra vez me estaban tocando el hombro. Tenía el chabón una placa de policía. Lo miré, miré como estaba vestido, un sobretodo grande, así que además de una placa podía estar armado, aunque no me preocupaba tanto el arma reglamentaria en ese momento como la garcha, porque que me quería garchar no había dudas. Nunca me habían querido violar, chabones que me querían garchar sí, muchas veces, y cerca de los trenes mucho más, es muy normal que busquen pendejos lo más adolescentes posible, entre 13 y 17 años, 18 quizás, como para empomarlos distinto tipo de degenerados y alienados en el tren o en sus alrededores, pero violar es otra cosa, y el chabón se sentía con bastante libertad de hacer lo que quisiera, con su sobretodo, con su placa supuestamente de policía, con su posible arma reglamentaria o por qué no ilegal, y su garcha, no había dudas de su garcha, creo yo.

Yo:- Pasame la placa ¿Yo cómo sé que esta placa es legal?

Chabón supuesto rati:- ¿Eh?

Yo:- Dejame ver la placa por favor.

Me prestó la placa, me di cuenta que temblaba, porque mi mano sacudía muy rápido a la placa del supuesto rati, y yo no la podía parar, lo intentaba, de verdad lo intentaba, pero la mano temblaba, pero la mano y el resto de mi cuerpo temblaba cada vez más.
El chabón me sacó la placa y se la guardó.

Chabón supuesto rati:- Me vas a tener que acompañar.

Yo:- Yo no te acompaño a ningún lado, matame si querés, pero ni en pedo te acompaño.

Chabón supuesto rati:- Me vas a tener que acompañar.

Se le iba la voz cuando hablaba, estaba realmente caliente el hombre, casi no le salían las palabras. Ponía todo el tiempo una sonrisa asesina mientras me hablaba, tratando de acercárseme.

Yo:- ¡Salí de acá! ¡Forro!

Chabón supuesto rati:- ¿Cómo?

Yo:- Ya me oíste forro.

Me di vuelta. Ya llegaba el colectivo. La gente y yo subimos, él se quedó parado y me miraba, mal me miraba. Yo me hacía el distraído en mi asiento, ya salía el colectivo, cuando el chabón subió. Le mostró la placa al colectivero y lo dejaron pasar. La verdad que ver que el colectivero se tomaba en serio la placa del chabón me asustó por sobre todas las cosas. La cosa se ponía cada vez más fea. De cualquier manera yo estaba en un asiento de dos, del lado de la ventanilla, del lado del pasillo estaba sentado uno de los que venían de trabajar. Moreno oscuro con su ruta oscura y con su miseria, y el colectivo en penumbras y silencioso, triste y silencioso qué triste vivir ahí, qué triste respirar esa noche en Moreno, aunque por lo menos algo me había calmado mirar por la ventanilla, la nada, la nada misma, ahora quizás en la entrada del barrio La Perlita había un poco más de luz, y la había, si se veía claramente a tres borrachos que forcejeaban amigablemente por una botella de vino, nada más, tres o cuatro locales cerrados, nada más, casas y casas al costado de la ruta 23, alguien que caminaba solo y en paz, yo podría haber sido ese pibe si no me hubiese encontrado con este reverendo hijo de puta, que ya se sentaba adelante mío, y me miraba de reojo.

Yo:- ¿Qué me perseguís puto? ¿Te gusta hacerte el importante con esa placa putito? ¿Te hacés el importante con esa placa forro? ¿Yo cómo sé que es de verdad esa placa forro? ¡¡¡No me gustan los hombres chabón, no me persigas más!!!!

El tipo que estaba sentado al lado mío se paró y se fue a otro asiento. El chabón supuesto rati se sentó al lado mío.

Chabón supuesto rati:- ¿Qué te pasa? ¿Cómo es? ¿Primero provocás y después te hacés el no sé qué?

Yo:- ¿Qué?

Y ahí me acordé que yo había mirado al chabón mientras él pasaba delante de Fabián y de mí y que gracias a mirarlo fue que pensé que solamente chabones se podía levantar uno a esa hora en Moreno, increíble, como un mínimo gesto en un mínimo momento transmitido por un pensamiento de un segundo podía hacer acercarse a cualquier chiflado, e incluso a este chiflado que parecía bastante peligroso. Volvió a agarrarme fuerte el brazo. Volví a gritar, era el único arma que se me ocurría usar en esa situación. Pero aunque algunos miraban, ninguno movía un pelo.

Yo:- ¡Mírenlo bien a este tipo, me quiere llevar a no sé dónde por las malas mostrándome la placa! ¡Me llamo Diego Arbit, vivo en Las Catonas! ¡Cualquier cosa pregunten por mi vieja, ella es pediatra en la salita de auxilios del complejo!

No me animaba a decir mi dirección exacta por el chabón, no quería que me viniese a buscar alguna vez a mi casa.
Así que cuando el colectivo llegó a mi parada, en la entrada del Complejo habitacional me paré rápido pasé sobre el chabón sin pedir permiso toqué timbre y caminé casi a los pedos. El supuesto rati también bajó. Dónde voy adónde voy me decía era realmente desesperante, a esa hora no había nadie en las calles de mi barrio, casi todos arrinconados en sus casas. Y para colmo yo no me había hecho amigos por ahí, cuántos años hacía que vivía en el barrio, cuatro quizás, cinco años tal vez, y ni un amigo, ni uno. Veo ahora a la lejanía y me parece que realmente no me gustaba ese lugar, no le tenía mucho cariño que digamos.
Tenía que ir a la casa de algún amigo o amiga de mi vieja, de ellos conocía algunas direcciones, el tipo me seguía, ¿Y qué le decía al que me recibiera? ¿Qué un tipo me quería violar? Y sí, eso mismo era lo que le podía decir, no se me ocurría otra cosa, mejor hacer de cuenta que iba a mi casa, que tocaba timbre y listo. Eso hice, llegué a la puerta de la casa de unos amigos de mi vieja, hice de cuenta que apretaba el timbre y me quedé en la puerta, medio escondido detrás de una pared, donde el chabón supuesto rati no me podía ver porque estaba bastante lejos, a más o menos ochenta o cien metros mío. De cualquier manera caminaba el chabón a los alrededores como para estar seguro de si yo entraba o no a ese departamento. Pasaron unos cinco minutos y pensé que todo estaba despejado, salí de la puerta y a lo lejos el chabón me vio. Y se acercó caminando medianamente rápido. Toqué timbre, cuatro cinco veces bien rápido.

Desde adentro de la casa Nacho, el hijo de Ramiro Espumoso:- ¿Quién es?
Yo:- Diego, el hijo de Silvana. Necesito que me abras rápido hay un tipo que me viene siguiendo desde Moreno, no sé bien qué quiere, por favor abrime viene para acá.

Nacho abrió, la madre, amiga de mi vieja se fue a su pieza. Nacho estaba tomando mates. Me ofreció un mate, estaba bastante lavado y tibio pero me vino bárbaro.

Nacho:- Quedate tranquilo, no pasa nada, quedate el tiempo que haga falta.

Yo:- Nunca me había pasado esto, es increíble, yo gritaba diciendo que el tipo me estaba persiguiendo y nadie hacía nada, increíble.

No Diego no tiene nada de increíble. Moreno y casi todo el conurbano está hecho mierda en gran parte porque la gente que gobierna, la que tiene la guita para mandar sobre el resto consiguió que las personas no se ayudasen entre ellos, si se ayudaran, si fuesen buenos y se preocuparan medianamente por el de al lado, al poco tiempo realmente no haría falta ningún gobierno, ni la guita, ni nadie que les dijese lo que se puede o no hacer, con ayudarse amigablemente y respetuosamente alcanzaría a todos para vivir. Pero eso no pasa. Andan todos abandonados y feroces envueltos en su miseria y su mala fortuna. Pero bueno, es en realidad mucho más fácil conseguir que la gente se mate y se traicione y se envidie se viole se robe se caguen unos sobre otros a que se ayuden o den algo bueno de sí, eso es más difícil, hoy ayer y es probable que siempre.

Caminé un poco por la casa de la familia Espumoso. Ramiro Espumoso vivía con su mujer, pero separado desde hacía por lo menos un año. Ramiro era químico, y ganaba buena guita con su trabajo. Hasta que decidió que era artista plástico, cuando era joven, cuando recién se había casado con Olga Ramiro pintaba, y se drogaba mucho en la facultad. En realidad se había anotado en la carrera de química para experimentar con distintas drogas. Así fue como una de las tantas veces que drogado con Olga se acostó ella quedó embarazada. Y así fue como Nachito nació. Fue el único hijo que tuvieron los dos. Olga, que estudiaba con él no se recibió. Ramiro sí. Curiosamente ella era la apasionada en su carrera, y él no. Así fue como un polvo intervino duramente en el destino y las pasiones de estos dos personajes. El hijo fue creciendo y de alguna manera tuvo que ser bastante responsable, no era el hijo único típico, era copado y bastante ubicado, trabajaba de distintas cosas desde bastante chico. Tenía buen diálogo con Olga, cuando fue creciendo además de madre e hijo Olga y Nacho eran buenos amigos. Con Ramiro era otra cosa. Él nunca estaba en casa. Su cuerpo con los años le dijo que no podía drogarse más, así que eso hizo, en cambio empezó a comer, y subió cincuenta kilos, su salud obviamente siguió mal. Decidió entonces Ramiro, veintidós años después del nacimiento de su único hijo, que quería volver a su única pasión, el arte. Pero aunque lo intentó ya no era un buen artista, todo lo contrario, era muy malo, muy muy malo, pintaba muy mal, muy mal, horrible lo que hacía Ramiro. Él lo sabía, ya no sentía lo mismo frente al lienzo. Olga ya no tenía casi ningún contacto con su única pasión desde que Ramiro había renunciado a la química, la carrera se había cortado para ella pero como Ramiro siguió los pasos que ella hubiese querido seguir de alguna manera estaba en contacto, no tanto charlando con Ramiro, porque realmente él cuando venía del trabajo casi nunca quería hablar del tema, sino por los amigos en común. Todos eran químicos, o médicos, o físicos. En las reuniones de amigos Olga hablaba y se emborrachaba, y a veces hasta se drogaba cada tanto, siempre a espaldas de Ramiro, y a sus espaldas también lo corneaba otro poquito, tampoco tanto, para sentirse mujer, para sentir que no había dejado de ser mujer, con eso se contentaba. No era una madre apasionada, pero era inteligente, era práctica, y era una buena persona, al igual que Ramiro, así que aunque nunca estuvieron muy presentes en la vida de su hijo le mostraron, mientras él fue creciendo cómo desenvolverse en la vida sin ser demasiado malos, sin ser demasiado crueles, quizás ya sin pasiones a la vista, pero con sentido común, y disfrutando de algunas cosas que la vida les regalaba. Nacho que no era tonto supo ver eso, y así fue que nunca se quejó demasiado de lo que le tocó, era rápido para ver lo que pasaba a su alrededor y para decidir qué cosas le convenían y qué cosas no. Era también un gran pintor, muchas veces llenaba sus cuadernos con ilustraciones increíbles. Yo las vi esa noche, y la verdad me impresionaron, se lo dije, pero él no me respetaba mucho en ese momento como para tomarse en serio mi opinión. Más bien se alegró cuando me fui, media hora más tarde.
Di un gran desvío para llegar a mi casa. Caminando pegado a las afueras, lejos del arroyo las Catonas y cerca de una arboleda, casi un pequeño bosque muy lindo para caminar por la tarde, pero siniestro de noche. Escuché unos ruidos, un nene gemía, un bulto se movía sobre el nene que gemía. Agarré una piedra muy grande y golpeé una vez, golpeé dos veces, golpeé tres. Miré su cara, no era el tipo que me estaba siguiendo, era un viejo gordito. Me quise acercar al nene pero salió corriendo rápido, y no pude verlo en la oscuridad.
Al viejo le chorreaba sangre sobre la cabeza. Caminé hasta el arroyo con la piedra en la mano dispuesto a tirarla ahí para que desaparecieran las pruebas. No era muy inteligente lo mío. Y ahí lo vi, el tipo que me estaba siguiendo estaba de cuclillas frente al agua podrida, llorando. Me vio y trató de poner su mirada asesina. Lo amenacé con la piedra manchada de sangre y se impresionó. Se paró y se fue. Lo vi tomarse un colectivo al centro de Moreno a los pocos minutos.
Ya más tranquilo tiré la piedra en el arroyo y me quedé sentado mirando el cielo, cuántas estrellas, qué lindo.
Nunca supe del viejo, no creo que lo haya matado porque no hubo ninguna noticia sobre él, ningún tipo de noticia sobre él. Y cuando había un muerto en mi barrio nos enterábamos, hubo muchos muertos, muertes violentas hubo muchas, pero nos llegaba la noticia. Así que se habrá vuelto a su casa. Hijo de puta, viejo y la rechoncha de tu madre.
Nunca le conté lo del cana en el colectivo a nadie, ni a mi novia, ni a mi familia, y tampoco a ningún amigo, nada más que a Nacho, esa noche, no sé si me creyó o no, pero gracias por bancarme un rato, en serio gracias Nacho, vino bien. Me enteré que no hace tanto tu viejo se murió. Qué garcha. Cuando Nacho se tomó un poco más en serio la pintura e hizo algunas exposiciones su viejo enloqueció un poquito, Nacho tenía buenas respuestas del público, lejos estaba de ser exitoso en lo suyo, pero se sentía contento. Eso a Ramiro no le hizo bien, todo lo contrario. Se fue de su casa definitivamente, vivió en pensiones y su salud fue desmejorando y desmejorando, hasta que se murió. Solo. Cada vez más solo. Da miedo eso, morir solo, pero pasa mucho entre los artistas, tanto mirar para adentro, tanto mareo y confusión no ayuda a veces a fortalecer vínculos, ojalá no me pase, ojalá que no....

viernes, 25 de junio de 2010

Fecha en Casa Rosa

Hoy 25/6
Valeria Cini y Luvi Torres juntas
Nota negra
Poesía en Estéreo
Orquesta Trompa de elefante
Trío Van Lacke/Themier/Bustos
En La casa rosa
Vallejos 2606 (esq. Bolivia) Villa Pueyrredón
Bondis 114, 107, 168, 87, 123, 108, 176, 110, 111
A la gorra