sábado, 16 de octubre de 2010

Extracción de Tríptico, Libro escrito entre Diego Arbit, Fabio Guerrero Arévalo y Darío Semino

Capítulo 5: Dorio (escrito por Darío Semino)


Notas para una posible novela:

La novela requerida entonces, debe empezar a escribirse. Llegó la hora, después de los lloriqueos y correspondientes ataques de pánico, de recopilar oraciones con la intención de...


Primer momento. Observación de la vida cotidiana. La dictadura de la ironía y el cinismo déspota. Básicamente, un mecanismo de defensa y en última instancia un modo de preservar el status quo.
El dilema de la viejita. Desde el comienzo del día uno se levanta a la mañana. Respira frío o calor (dependiendo de la época del año), se baña, desayuna, se cambia… Y sale. Abrimos la puerta para salir de casa y entrar al mundo exterior. Uno sube al colectivo para ir a trabajar y saca boleto con una somnolencia ritual en cada gesto. Uno, ese mismo que sacó boleto, se sienta en un asiento, el único asiento que hay vacío, en la tercera fila, no muy atrás, y se dispone a dormitar. Pero el colectivo se mueve, frena, dobla, salta al pasar por los baches de las calles (cortesía del Gobierno de la Ciudad) y uno, que intenta dormitar tranquilo, perdiéndose en reflexiones literarias, que si Onetti que si Borges, uno abre los ojos, tan sólo por una milésima de segundo. Y ahí es que la ve. Amenazante, parada sobre dos tambaleantes piernas de alambre, vigorosa en su senectud, agresiva y suplicante a la vez. La viejita.
El dilema comienza porque uno lleva acumulado en su interior bastante neurosis e incertidumbre. Ahí está, he ahí la viejita. En un intento ingenuo por negar lo evidente uno voltea hacia ambos lados. Registra frenético los demás asientos, sólo para corroborar que están todos llenos. Y no sólo eso. Porque el problema no es que todos los asientos estén ocupados sino que ninguna de esas personas estén dispuestas a darle el asiento a la viejita. Así comienza el dilema. Como un quiebre entre dos seguridades. Uno piensa, en primera instancia, que es su deber darle el asiento a la viejita. Pero por otro lado se encuentra con que nadie más parece dispuesto a hacer tal cosa. Entonces tal vez la viejita no sea en realidad tan viejita como para darle el asiento. Quien le ofreciera su lugar correría el alto riesgo de faltarle el respeto. Ya que es bien sabido que pocas cosas son tan terribles como la ira de una vieja que en realidad no es tan vieja.
Es bien sabido que el dilema no tiene resolución posible, al menos no con resultados positivos. Si cedemos el asiento tenemos que seguir el viaje de parados. Si no lo hacemos tendremos que hacernos la idea de que hasta el fin del mismo vamos a estar sintiéndonos culpables e incómodos con la viejita mirándonos.



(La premisa que motiva lo que antecede es clara: pasar de la vida a la escritura, generando un documentalismo literario. No se trata, es importante entenderlo, de un abuso más de la cualidad mimética sino más bien de un modo de exploración. También podemos sugerir la idea, o quizás la excusa, hedonista. Si fuéramos intelectualmente correctos encontraríamos una justificación psicoanalítica, ya que el deseo de placer y sus respectivas represiones siempre corren por cuenta de los psicoanalistas ¿Pero qué deseo, qué placer? Existe una pequeña aunque irrefutable satisfacción en el hecho de escribir, no sólo por la ilusión catárquica y la posibilidad de mandarnos la parte posteriormente, más allá de eso existe el placer del trazo, porque la escritura es, en su grado más primitivo, un trazo y nada más que un trazo. [gracias Barthes] Entonces escribiríamos esto por mero placer masturbatorio, como si usáramos nuestro semen para llenar la hoja. Y a su vez podríamos plantearnos las ventajas liberadoras que hay en ese placer. Disfrutar de la cuestión post- orgásmica para limpiar la mente y crear desde un estado de tranquilidad y pureza. Lo que muchos llaman soltar la mano.
Pero volviendo al tema del documentalismo literario habría que formular un conjunto de reglas que nos permitan desarrollar el género de forma independiente. Sin caer en la pedantería de la copia, ya no de la realidad, sino de otros géneros ya existentes, por ejemplo el periodismo. [tema aparte] Tampoco queremos hacer literatura realista ni ninguno de sus derivados, por ejemplo el costumbrismo, el naturalismo decimonónico, o la exageración cientificista del noveau roman. El documentalismo literario se encuentra más allá de ésas y otras posturas, supera todos los debates posibles acerca de la labor literaria y está llamado a ser el nuevo punto de inflexión de la historia de la literatura. El futuro es nuestro, el género ya está listo, listo para cambiar todas las reglas, solamente falta definirlo).



Historia del surgimiento, auge y caída del documentalismo literario


Los comienzos del documentalismo literario se remontan a los últimos años del siglo XX. Entre 1998 y 1999 se produjo el famoso encuentro casual, en los pasillos de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Buenos Aires, de los dos jóvenes que serían los responsables de llevar a cabo una de las revoluciones más particulares en las estructuras literarias modernas. Estos dos estudiantes de letras se llamaban: Antonio di Korda y Maximiliano Abrahan Enrique José Wilbur Esccelotto, argentino el primero y uruguayo el segundo. Esccelotto y di Korda se hicieron amigos inmediatamente “mientras nos comíamos un pancho”, según recordara posteriormente en su biografía el uruguayo.
Los primeros borradores del manifiesto fueron redactados en esos años aunque pasaron rápidamente al olvido junto con muchas otras teorías que formulaban los amigos como una forma de divertirse. “Nos juntábamos en la facultad, a veces íbamos al bar de enfrente, que con una hemorragia de creatividad había sido bautizado Platón, y nos pasábamos horas discutiendo, en ocasiones nos perdíamos las clases. Permanentemente escribíamos manifiestos que pretendían desarticular las nociones críticas que nos imponían nuestros profesores. El documentalismo literario fue uno de esos manifiestos, así nació, y muy pronto se traspapeló entre teorías y conversaciones manchadas de café”.
Pero ese borrador no estaba destinado al olvido. Pocos años después fue recuperado por di Korda quien se sintió absolutamente sorprendido de haber sido el autor de un texto tan innovador. Los dos amigos volvieron a redactar el manifiesto varias veces hasta obtener la versión definitiva, la cual fue publicada en internet, en la hoy ya mítica página de di Korda: www.archideconstruidos.com.ar. Inmediatamente después de terminar con el planteo teórico di Korda y Esccelotto comenzaron a producir textos que avalaran el manifiesto. De estos primeros años son las mejores obras del escritor argentino, entre el 2002 y el 2006 escribe y publica en internet: La odisea de las puertas, El pene de Francis Scott Fitzgerald, Llamarse di Korda, Marilyn, El cementerio de las fantasías, La etiqueta de la cerveza, Borges nunca fue joven y Gutiérrez, el tigre de Balvanera. Dueño de un estilo único, que oscila entre el cinismo cotidiano y el fanatismo mediático di Korda fue un creador incansable cuya prosa es tan vertiginosa como lo fue su vida. Se casó por primera vez a los dieciocho años con Eleonora Ascasubi, su novia de la secundaria. Ese primer matrimonio, al igual que los otros cuatro, iba a durar muy poco. Di Korda era una persona apasionada y ecléctica, que poseía un talento desmedido y una capacidad de acción desbordante. Pero esas cualidades, como suele ocurrir, venían acompañadas por la sombra de los excesos y la locura. A lo largo de los cuarenta y cinco años que duró su vida di Korda no sólo se casó cinco veces, la última con un futbolista sudafricano, sino que también se dedicó al periodismo, la docencia, la militancia sindical, la actuación y el paracaidismo. Se jactaba de hablar cinco idiomas y disfrutaba de rodearse de famosos. Las crónicas de la época lo describen como un personaje imprescindible de la noche porteña, habitué de las orgías organizadas por Cacho Alvarez, quien por esos años había abandonado la política. También era conocido como di Korda el loco, por sus ataques de delirio y su perversa obsesión con Marilyn Monroe, a quien buscaba en todas las mujeres rubias que se cruzaban por su camino. Muchos sostienen que esa fue la causa del breve pero intenso romance que mantuvo con la veterana actriz Mihrta Lhegrand. Finalmente el genial escritor, el polémico personaje murió el 5 de octubre de 2020, el mismo día de su cumpleaños, atragantado con un hueso de pollo. Dejó escrita una de las obras más originales del habla castellana, compuesta, aparte de los ya mencionados, por Canibalismo, Remoto Control, Sobacos ensopados, En busca del buscón perdido, 34 rph, Joyce estaba del orto,
Soliloquio/Coloquio, Santa Monroe y Solidez entre los más destacados. Todos sus textos mantienen la premisa de la experimentación permanente postulada desde sus comienzos, fue tal vez el único escritor que llevó hasta las últimas consecuencias el mecanismo transforterizo, o de desaparición de las fronteras. Por eso es imposible determinar si sus libros son novelas, ensayos, poemas o artículos periodísticos.
Muy diferente fue la vida de Esccelotto. Hijo de un panadero italiano, Esccelloto nació exactamente el mismo día que su amigo, el 5 de octubre de 1975. Pero aparte de eso y de su afinidad ideológica, Esccelloto no tuvo nada que ver con di Korda. Su obra consta de un solo libro el cual tuvo sucesivas reediciones a lo largo de los años. Octopuso, tal es el nombre de la obra, fue reeditado, siempre con agregados, unas sesenta y siete veces, y consta exactamente de tres mil doscientas cuarenta y siete páginas. Hay que tener en cuenta que Esccelotto vivió ciento catorce años y escribió hasta el último día de su vida.
Su juventud la pasó en Montevideo, de donde partió a los dieciocho años con su familia para instalarse en Buenos Aires. Diez años más tarde volvería a Montevideo y se quedaría allí para siempre. Extremadamente celoso de su privacidad, nunca fue una figura pública, daba muy pocas entrevistas y nunca permitía que lo filmaran o lo fotografiaran. Antes de morir exigió tajantemente que jamás se publicara ninguna biografía suya que no fuera la que hizo su esposa Celeste Klein. Y nunca fue a recibir ninguno de los incontables premios que se le ofrecían, rechazó el premio Cervantes, el Príncipe de Asturias y el Nobel.
Hablar de Esccelloto significa hablar de Octopuso, el descomunal libro que elude todas las definiciones. Hasta el día de hoy los críticos no logran llegar a un acuerdo acerca de su naturaleza. Mientras que algunos detractores sostienen que se trata simplemente de una novela larga otros tienden a considerarlo no sólo como la manifestación más acabada sino también como la superación misma de la transfronterización. El libro se plantea en un principio como la corroboración empírica de la teoría de la novela. “Todo lo que puede escribirse puede escribirse en la novela”. Pero a medida que el texto avanza se desprende no sólo del discurso sino también de la intención de ficcionalización, para terminar convirtiéndose en una refutación de la misma cita que pretendía corroborar. Hay especialistas que sitúan en Octopuso el final de la novela post-moderna que había comenzado con Ulises de James Joyce. Otros no están de acuerdo y consideran que Octopuso no es un solo libro, es más bien una recopilación de libros que se realizó a lo largo de los noventa años que duró su escritura. Más allá de las discusiones es indudable que Octopuso ocupa un lugar fundamental, para bien o para mal, en la historia de la literatura universal.
El documentalismo literario no acabó en las obras de di Korda y Esccelotto. Después de que el manifiesto fuera publicado en internet muchos jóvenes escritores que no encontraban un modo de expresión adecuado se sintieron identificados con la propuesta. Es importante tener en cuenta que el documentalismo literario fue uno de los primeros movimientos en desarrollarse paralelamente en varios países del mundo. Durante la primer década del milenio existió una escuela de escritores documentalistas en los cinco continentes, escribiendo en diferentes idiomas y sin conocerse entre ellos. La lista de nombres es larga y heterogénea, se destacan en ella el español Albertino Sánchez, el colombiano Fernando Nágera, los estadounidenses John Somerset y Melanie Rodríguez, el nicaragüense Ricardo Félix de la Haya, el alemán Werner Kretksz, la inglesa Eva Johnson Mills, el japonés Ryunosuke Nishi, el ruso Alexander Gorlof y la escritora india conocida como Avalokitesvara que también fue la tercer esposa de di Korda.
A principios de la década del 10´ el documentalismo literario se había ramificado subterráneamente por todo el globo. El reconocimiento para sus dos creadores se plasmó en cierto rédito económico de las ventas de sus libros a pesar de que nunca fueron tan masivos como prestigiosos. En 2012, con el dinero obtenido por sus múltiples trabajos, di Korda fundó la Editorial Sandokán como un espacio desde el cual combatir el monopolio de las grandes editoriales manejadas por empresas multinacionales. La elección del nombre es una manera de honrar a quien representaba el primer acercamiento a la literatura para el niño di Korda.
A medida que fue avanzando la segunda década del siglo se generó en la literatura a nivel mundial una situación particular debido a la aparición del documentalismo literario. Se produjo una división del terreno entre quienes postulaban al nuevo género como la única forma posible de hacer literatura y quienes se negaban a aceptar las innovaciones propuestas por el manifiesto. El segundo grupo de escritores continuó desarrollando una noción de la literatura que no tenía en cuenta siquiera la existencia del manifiesto y sus seguidores. Podría decirse que el documentalismo literario casi nunca fue atacado sino simplemente despreciado, negado con indiferencia. La figura polémica y mediática de di Korda produjo que muchos literatos consideraran que el movimiento carecía de contenido y solidez.
Todavía hoy existen muchas interrogantes acerca del documentalismo literario. Una vez pasado su momento de mayor efervescencia fue lentamente quedando de lado. A pesar de esto su influencia se plasmó en la mayoría de los escritores de las generaciones siguientes de forma tal vez inconsciente. Muchos de los nombres que le dieron brillo al movimiento están actualmente olvidados o se destacan como individuos independientes pero no como parte de un grupo.


Bueno, bueno, acabo de inventar la historia de un movimiento. La incapacidad de redactar un manifiesto engendra la capacidad para inventar sus consecuencias. Es una de las posibilidades de la escritura. Si no tengo nada que escribir me invento un linaje, una corriente en la cual situarme. Me hago el borgeano y listo.

jueves, 7 de octubre de 2010

Extracción de Empiezo a caminar en círculos

Pero yo quería conseguir un trabajo, quería juntar un par de pesos quería sentir que podía dejar un par de pesos en mi casa al final de cada mes. Era tan poca la plata que conseguía con la venta de libros, eran tantas las noches que había perdido por dedicarme a la venta de libros, era tanta la humillación que recibía gracias a la venta de libros, y para qué, y para qué. Esa mañana me decidí por el aviso de M.Ka.Y. Mi situación en M.Ka.Y fue lamentable.
Cuando llegué había un montón de gente llenando solicitudes de empleo, todos sentados en sillas en la sala de espera había mucho movimiento parecían ser muchos los empleados de aquí para allá repartiendo solicitudes trabajando andá a saber en qué, porque iban en grupos todos trajeados charlando tratándose de usted, era muy impresionante la forma en que se trataba esa gente, de acá para allá sí señor, de allá para acá no señor, disculpe si discrepo. Pero la mayoría de las personas que estábamos en ese lugar éramos postulantes. Me postulé para vendedor, quiero ser vendedor anoté en la solicitud. En esa solicitud habían muchas preguntas, me pedían muchos datos, datos que no quería dar, y que no di a M.Ka.Y. Me trataron muy bien en la entrevista, y muy amablemente me llamaron a una entrevista más, pero trajeado. Tenía que conseguir un traje, tenía que conseguir saco y corbata para trabajar en M.Ka.Y.
Al otro día con traje prestado me presenté en el mismo lugar, la señorita Gugliagone, la persona que me hizo la primera entrevista me había llamado para esa mañana soleada en el micro centro. Éramos pocos los que sentados en la sala de espera, muy bien vestidos esperábamos ser llamados. De vez en cuando aparecían dos o tres trajeados que charlaban.
El primer trajeado:- Disculpe señor pero los vendedores nos están fallando con las cobranzas.
El segundo trajeado:- Usted señor, es el responsable de que los vendedores realicen las cobranzas.
El primer trajeado:- ¡Disculpe señor pero usted tiene que comprender que el tiempo no me alcanza! ¡¡Y si los vendedores son incompetentes no es mi responsabilidad!!
Segundo trajeado:- ¡¡¡No me grite delante de la gente!!!
Los trajeados entraron por la derecha y subieron por las escaleras de la izquierda, las escaleras daban a la salida del edificio. A mi derecha habían dos personas sentadas, una mujer y un hombre. Todos de mi edad. Todos con cara de póquer esperábamos ser entrevistados, nadie confiaba en nadie, todos nos cuidábamos de hablar con el del costado, en perfecto silencio esperábamos, sentados derechos erguidos casi sin movernos hasta que Gugliagone apareció.
Nos invitó a que la siguiéramos por las escaleras hacia abajo, hacia el subsuelo, en el subsuelo habían muchas mesas con muchos empleados que hacían entrevistas a los postulantes.
Gugliagone:- A ustedes los elegí porque son los mejores, casi todos ustedes van a ser contratados.
Todos sonreímos complacientes, en silencio esperábamos saber un poco más sobre nuestro futuro trabajo.
Gugliagone:- Esta empresa creció muchísimo en lo que va de este año, al principio éramos nada más que quince empleados, pero ahora somos más de ciento cincuenta, vamos a tener que hacer una sucursal, pronto va a empezar a funcionar en Quilmes, acá ya no tenemos lugar, esta empresa, a la que ya puedo decir que es mía, da grandes cantidades de fuentes de trabajo y posibilidades de ascender en muy poco tiempo, yo trabajo hace tres meses nada más y ya soy responsable de Recursos Humanos, ya saben, cuando necesiten alguna cosita cuando tengan alguna duda se acercan a mí, la señorita Gugliagone, y yo de muy buen gusto los voy a ayudar en lo que pueda.
Gugliagone sonrió cómplice a todos nosotros alguno que otro se rió, ji ji ji, gracias señorita, muchas gracias señorita, ji ji ji, ji ji ji.
Gugliagone:- Hoy tienen la suerte de que esté presente entre nosotros el señor Mercado ¿Saben quién es el señor Mercado? ¡¡El ideólogo y socio principal de M.Ka.Y!! Desde que yo trabajo acá fueron muy pocas las veces que el señor Mercado estuvo presente, si tienen la infinita suerte de que Mercado se les acerque y les pregunte alguna cosa sáquenle muchísimo provecho a sus consejos y enseñanzas, el señor Mercado es un genio, él en persona eligió a la señora Corva, y ella en persona los va a introducir a un nuevo mundo para ustedes, ella les va a mostrar que con las ventas se puede llegar a ganar muchísimo dinero, ella en persona, a cada uno de ustedes les va a demostrar que ustedes pueden llegar a ser tan buenos como ella ¿Saben cuánto gana la señora Corva por mes? ¡¡Diez mil pesos!! ¡¡Diez mil pesos en ventas!! Corva dejó un puesto gerencial en otra empresa solamente para estar cerca del señor Mercado, Corva decidió ella sola ocupar un puesto inferior en esta empresa porque creyó en esta empresa ¿Y saben qué pasó? La otra empresa se fundió, y M.Ka.Y. sigue existiendo. Pero eso no es todo, M.Ka.Y. tiene ahora los clientes de la empresa en la que trabajaba la señora Corva ¿Y saben por qué? Porque en M.Ka.Y. trabajamos los mejores, y ustedes son los mejores, yo los elegí, y a mí la señora Corva me tiene mucha confianza, así como la señora Guerrero, a la señora Guerrero es a la que yo respondo, y ustedes también, la señora Guerrero es como mi mamá, me enseñó personalmente me confió el puesto que tengo, presten mucha atención a lo que les diga la señora Guerrero porque sabe muchísimo. La señora Guerrero coordina la mitad de los grupos de ventas, la otra mitad los coordina la señora Corva. Bueno ¿Qué les parece?
Todos la miramos en silencio.
Gugliagone nos miraba sonriendo.
Gugliagone:- Digan algo.
Todos la miramos en silencio.
Gugliagone nos hizo a cada uno las mismas preguntas que nos había hecho en la primera entrevista, pero delante de los demás. Después nos despidió y nos citó para una nueva entrevista al día siguiente, cuando nos estábamos por ir le pidió a uno que estaba con nosotros que se quedara con ella a charlar...
El peso que yo sentía era infinito, la tristeza el manoseo eterno del que buscaba trabajo, era la primera vez que llevaba puesto un traje en mi vida, y no me quedaba mal, me miraba en las vidrieras y me gustaba verme de traje, en el micro centro mucha gente iba vestida de la misma manera que yo, ninguno de los trajeados parecía tener mucho apuro al caminar ¿Cuántos de todos estos serían desocupados como yo? Todos parecían tener la misma mirada de derrota sus gestos parecían trasmitir el mismo cansancio la misma opresión parecían soportar al igual que yo un chamuyero distinto un forro distinto una propuesta de trabajo distinta un manoseo siempre te maltrataban te mentían te ofrecían mierda poco sueldo promesas que no se cumplían negocios supuestamente redondos que no podían fallar, o trabajos fijos de mucha responsabilidad a muy bajo sueldo, y ese sueldo podría ser que no te lo fueran a pagar, los muy conchudos te cagaban con una sonrisa de oreja a oreja, muy satisfechos estafaban a los que necesitaban trabajar, jugaban con las esperanzas del que necesitaba trabajo. Cuando terminaba su jornada diaria de cagar personas se iban de copas a los bares de Palermo, entre risas y alcohol se reían mientras leían en voz alta alguno de mis libros, a veces entre risas me lo compraban, a veces entre risas me mandaban a cagar, a cagar con mis palabras, a dormir con mis palabras que pesaban en mi espalda, en mi mochila cargada de libros, de palabras cansadas que contaban tristemente mi trabajo de bar a bar, y de ese bar a otro, y de ese otro a otro distinto.
Sin embargo fui a la nueva entrevista en M.Ka.Y., la desconfianza era grande, pero la curiosidad también. Estábamos todos los de la entrevista anterior menos la persona que Gugliagone había pedido que se quedara a charlar. También habían otras personas de traje que esperaban ser entrevistadas, y otras personas trajeadas que se despedían de una entrevista con su entrevistador, empecé a reconocer caras, noté que no eran tantos los entrevistadores, y por lo tanto los empleados fijos en la empresa, la mayoría de las personas que veía eran postulantes como yo. Gugliagone nos sentó en otra mesa y trató de buscar de ver qué tanto entusiasmo teníamos, alrededor nuestro muchos eran entrevistados.
Gugliagone:- Hoy es un día de sorpresas ¡Van a conocer a la señora Corva!
“¡Qué bueno!” respondió alguno con la misma falsedad que Gugliagone. Gugliagone nos preguntó si ya nos habían hecho firmar el contrato, nos preguntó si ya nos había llevado a visitar las oficinas del edificio donde funcionaba el sector de telemaketing, nos preguntó si nos quedaba alguna duda sobre nuestro trabajo, y entonces tuvimos que decirle que jamás nos lo había explicado. Obviamente la teníamos que disculpar, pero creía que todo estaba claro ¿sabíamos nosotros lo que era una comercializadora? Y alguno que otro lo sabía. Ese nos explicó que era una empresa que se dedicaba a vender un producto en particular, en general, al igual que M.Ka.Y., se dedicaban a vender insumos de computación y telefónica. M.Ka.Y. se dedicaba actualmente a la venta de... pero eso nos lo iba a explicar la señora Corva, si la seguíamos a la señorita Gugliagone la íbamos a conocer, cinco o seis entrevistadores en la puerta de una especie de pequeña sala de cine pero sin pantalla se juntaban a charlar, treinta o cuarenta entrevistados traspirábamos la gota gorda sentados en las butacas muertos de calor el traje nos estaba matando. Pero fue corta la espera, la señora Corva llegó. Era una mujer de unos treinta y cinco años muy cheta, con una perfecta dicción, ¿Con quién habrá estudiado teatro? ¿Con Norman Briski? ¿Con Serrano? Porque la señora Corva era una excelente actriz, una gran vendedora, una mejor oradora, una reverenda mierda de persona, Corva, si estás leyendo esto, sabé que tengo una bala guardada para vos. La señora Corva nos llevaba con su especie de conferencia de marketing a las distintas facetas a las distintas situaciones que nos podemos encontrar al vender nuestro producto ¿Y cuál era el producto? Un handy, no un handy, porque era un handy con celular, su marca ¡Telnex! ¡Mucho más que un Handy! Telnex estaba tratando de agrandar su mercado, quería conseguir vender además de a grandes empresas para su uso interno, a las familias a la gente común, en particular al grupo familiar, a las familias de clase media que tenían hijos que trabajaban todo el día o que estudiaban y trabajaban, quería que toda esa familia comprara un equipo de handy, que también era celular, dos por uno, una ganga. Empecé a entender la necesidad de que los futuros empleados fuéramos jóvenes y en lo posible estudiantes terciarios y universitarios, no éramos empleados, éramos los futuros usuarios del celular del orto los que estábamos escuchando a la señora Corva hablar. Salimos con nuevas dudas, volvimos a la mesa donde estaba Gugliagone, Gugliagone nos esperaba llena de entusiasmo ¿Habíamos visto lo brillante que era la señora Corva? Pse, habíamos visto ¿Qué nos parecía todo? Lindo, lindo. Pero no nos teníamos que quedar callados ¡Nos tenía otra sorpresa! Gugliagone se paró y se fue, enseguida volvió con una señora de unos cuarenta años muy encantadora, era la señora Guerrero. Guerrero nos hizo otra vez las preguntas que ya nos había hecho dos veces Gugliagone, pero la forma el aire que transmitía la señora Guerrero demostraba que con ella no se jodía, la señora Guerrero era la que decidiría quien iba a ser contratado y quien no. Luego de la charla que fue muy interesante, charlamos sobre la situación del país, charlamos sobre la vida, quedamos a los besos, luego de ese buen momento la señora Guerrero nos dijo que ella, personalmente, nos iba a llamar para concertar una nueva entrevista con un entrenador personal en ventas.
Salí más hecho mierda que nunca de ese sótano podrido, necesitaba pelearme con alguien, necesitaba descargar en alguna persona toda mi frustración, toda mi vida era una mentira, todas las personas unas chamuyeras de mierda detrás de cada persona había un cagador, concha de la lora pensaba, la rechoncha de la lora.
Tomé el subte B rumbo a casa, por suerte no estaba muy lleno. Los vendedores pasaban en fila, estaba el que vendía tijera con costurero, todo un peso, estaba el que vendía funda para control remoto, un peso nada más, estaba el que vendía revistas de crucigramas, cuatro por un peso, y entonces apareció un nene saltando y chiflando al ritmo de uno de sus pies que zapateaba en el piso del vagón. El sistema era el siguiente, chiflaba dos veces y le daba la mano y un beso a un pasajero, después le ofrecía una estampita por una moneda, dejaba a ese pasajero y chiflaba otras dos veces, para saltar después a upa del pasajero que tenía al lado, y a upa del pasajero le daba un beso le ofrecía una estampita a cambio de una moneda, a mí me tocó solamente beso, nada de upa para mí. Le di la moneda y no acepté la estampita, enfrente mío un pasajero jugueteó un rato con el nene que pedía, lo cacheteó amigablemente, le tocó la nariz, amagó con jugar de manos con el pendejo, y después cuando se despidió sin darle dinero empezó a hablar en voz alta para todos los pasajeros, no muy lejos estaba el nene pidiendo plata a otras personas. Una mujer con la concha sellada le dio charla al señor.
Pasajero:- No hay que darle plata, porque si le dan plata se va a acostumbrar a hacer monadas todo el tiempo. Se va a creer que la vida es así. Y la vida no es así. En la vida hay que aprender a laburar.
Pasajera concha sellada:- Además todo esto es una mafia. Están todos pagados. Les obligan pobres criaturas a salir a pedir plata. Si uno les da plata alimenta la mafia de la calle.
¿Qué decían este par de hijos de puta? ¡¿Qué mierda estaban diciendo?! Ese que se la daba de amiguito de nene ¿Qué mierda dice?
Yo:- ¿¡Que decís la concha de tu madre!? ¡¡¡¿Qué mierda te pasa la concha de tu madre!!!? ¡Te hablé a vos la concha de tu madre?!!!
El hombre trataba de mirar para otro lado pero no podía evitar mirarme de reojo, la concha sellada se sentó más lejos del pasajero, agarrada a su cartera.
Yo:- ¿Vos tenés idea lo que es salir a pedir plata a la calle? ¡A vos te hablo hijo de puta! ¡¡La puta que te parió!! ¡¡La concha de tu madre!! ¡¡¡Hijo de puta!!! ¿Vos saliste a pedir plata alguna vez? ¡¡¡Contestame o te cueteo acá mismo!!!
Hice bulto con mi mano adentro del bolsillo y le apunté, me paré, me fui acercando, la gente quieta en su lugar no decía nada.
Pasajero:- No, nunca pedí plata.
Yo:- Bajate.
El subte había parado en la estación Pasteur.
Yo:- ¡¡Bajate y la puta que te parió!!
El pasajero se bajó gracias a mis empujones cortitos medio disimulados.
Yo:- No digas nada o te hago mierda.
A los empujones cruzamos juntos el molinete, del otro lado del molinete saqué mi mano del bolsillo con una sonrisa llena de odio, luego vacié mis bolsillos para que viera que no había nada adentro. El pasajero en silencio se fue a la ventanilla a sacar otro pasaje para el subte.
Yo:- La puta que te parió, a estos garcas de mierdas le pagás dos boletos y a un nene que pide plata lo basureás ¡La concha de tu madre! ¡Pelotudo!
Pasajero:- ¿Y qué querés que haga?
Yo:- ¡Reclamale al guarda pasar gratis! ¡Decile que un loco te obligó a salir! ¡Deciles que un loquito te obligo a bajar del subte!
El guarda miraba algo nervioso, un policía se acercó. El pasajero con la cabeza gacha pagó el pasaje y cruzó el molinete sin mirarme ni mirar a nadie.
Yo:- Cagonciito, cagoncito, que la pases bien ¡Putito! ¡¡Re putito!!
Me fui de la estación y caminé hasta mi casa, tenía ganas de llorar.
Dos días después me llamó Guerrero, tenía una entrevista de adiestramiento en MkaY al día siguiente, por la tarde, con el señor Guglielmi, además iba a firmar contrato.
Llegué a las 14:30 puntual. Una hora después apareció Guglielmi escoltado por la señorita Gugliagone que nos presentó.
Guglielmi me llevó a la misma sala de entrevistas de siempre, pero a un escritorio alejado del escritorio de la señorita Gugliagone.
Guglielmi me hizo unas preguntas sobre el producto a vender, quería saber si estaba al tanto, como vio que sí sonrió paternalmente, Guglielmi empezó a charlar, teníamos que distendernos, a Guglielmi le gustaban...las picadas, todo legal. A mí me gustaba la literatura, pero sobre literatura con Guglielmi no podía charlar, y yo sobre fierros ni idea, yo sabía que el Ford Falcon era un buen auto, aunque gastaba mucha nafta, pero el Ford Falcon era un auto viejo. Guglielmi me explicó como podía llegar a ascender. Primero tenía que vender dos equipos de handy, con dos equipos ascendería a adiestrador, o sea tendría un puesto como el de Guglielmi, si yo conocía a una casa de remises, o le quería vender a un amigo, o a mi familia, estaba ascendido, y después a cazar giles como adiestrador ¿Quería ir a firmar contrato? Pero como no, hicimos la cola, habían muchos futuros empleados de M.Ka.Y. esperando firmar contrato. Le pegué una buena leída, todo legal, sueldo mínimo, muy mínimo, casi nada a cambio de mis servicios de vendedor, firmé y me fui ¿Cuántos como yo serían los que firmaban contrato y nunca más aparecían? ¿A cuántos chamuyaba al pedo por día Guglielmi? ¿Le rendía trabajar de garca?
Había arreglado encontrarme con mi mujer en el centro, en cuanto la vi le di un abrazo grande, enorme, me colgué de su cuerpito, descargué en su cuerpito toda la desilusión toda la mugre que esa semana había tragado, Noemí me acarició la cara, despacito, me dio un beso en la nariz, me dio un beso en cada ojo, y después me abrazó. Caminamos muy lentamente por las calles del centro, los autos pasaban y tocaban bocinas, la gente no miraba a las demás personas todos apurados iban de acá para allá, por cada cuadra por lo menos dos personas pedían limosnas, de cada tres tachos de basura por lo menos en uno alguien buscaba latas o algo para comer. Noemí me apretaba fuerte y me contaba lo que había pasado ese día en su trabajo. Noemí me hacía olvidar del peso de mis pasos por lo menos por un rato, por lo menos un rato para descansar, para olvidar lo que me había pasado...

lunes, 27 de septiembre de 2010


Zumo de limão

Este viernes 1/10, desde las doce de la noche

Acompañamiento musical estable de EL INCREÍBLE FUNK

Performances de: Juan Xiet y Poesía estéreo (Sebastián Kirzner y Diego Arbit)



En El emergente bar. Gallo 333, CABA

Entrada libre y gratuita

Zumo de limão es un ciclo de trasnoche, cuyo eje principal pasa por mantener un clima ameno y confortable entre los presentes, con música de fondo ejecutada por una banda en vivo.

EL INCREÍBLE FUNK revive los orígenes del funk; a través de su formación de bajo, guitarra, batería y teclados, arma la base del Groove sobre la que se desplazan libremente músicos invitados, que varían por fecha y que interpretan distintos instrumentos como saxo, trompeta y flauta traversa, entre otros.

Pero esa es sólo una parte de la noche, ya que el evento rompe su continuidad con intervenciones performáticas de alto nivel artístico, cómico e irónico llevadas adelante por JUAN XIET y POESÍA ESTÉREO, grupo conformado por SEBASTIÁN KIRZNER y DIEGO ARBIT. ( http://www.youtube.com/watch?v=6IivhzvU0Hg http://www.youtube.com/watch?v=8Nc5pfFEBnQ http://www.youtube.com/watch?v=m3-tZeC12lA&feature=related http://www.youtube.com/watch?v=UTD_7prvP6w&feature=related )



Más info de El emergente bar: http://elemergentebar.blogspot.com/

sábado, 4 de septiembre de 2010

Poesía Estéreo en Zumo de Limao, el sábado 11/9 en el emergente Bar




Este sábado 11/9, por única vez un sábado en vez de un viernes

Acompañamiento musical estable de EL INCREÍBLE FUNK

Performances de: Juan Xiet y Poesía estéreo (Sebastián Kirzner y Diego Arbit)


En El emergente bar. Gallo 333, CABA

Entrada libre y gratuita

Zumo de limão es un ciclo de trasnoche, cuyo eje principal pasa por mantener un clima ameno y confortable entre los presentes, con música de fondo ejecutada por una banda en vivo.

EL INCREÍBLE FUNK revive los orígenes del funk; a través de su formación de bajo, guitarra, batería y teclados, arma la base del Groove sobre la que se desplazan libremente músicos invitados, que varían por fecha y que interpretan distintos instrumentos como saxo, trompeta y flauta traversa, entre otros.

Pero esa es sólo una parte de la noche, ya que el evento rompe su continuidad con intervenciones performáticas de alto nivel artístico, cómico e irónico llevadas adelante por JUAN XIET y POESÍA ESTÉREO, grupo conformado por SEBASTIÁN KIRZNER y DIEGO ARBIT. (http://www.youtube.com/watch?v=8Nc5pfFEBnQ http://www.youtube.com/watch?v=m3-tZeC12lA&feature=related http://www.youtube.com/watch?v=UTD_7prvP6w&feature=related )

Más info de El emergente bar: http://elemergentebar.blogspot.com/

Si quieren recibir información pídanla a diegoarbit@hotmail.com
www.diegoarbit.blogspot.com
www.myspace.com/orquestatrompadeelefante
www.myspace.com/diegoarbit
www.poesiaestereo.blogspot.com

Poesía Estéreo en Zumo de Limao, el sábado 11/9 en el emergente Bar

Zumo de limão

Este sábado 11/9, por única vez un sábado en vez de un viernes

Acompañamiento musical estable de EL INCREÍBLE FUNK

Performances de: Juan Xiet y Poesía estéreo (Sebastián Kirzner y Diego Arbit)


En El emergente bar. Gallo 333, CABA

Entrada libre y gratuita

Zumo de limão es un ciclo de trasnoche, cuyo eje principal pasa por mantener un clima ameno y confortable entre los presentes, con música de fondo ejecutada por una banda en vivo.

EL INCREÍBLE FUNK revive los orígenes del funk; a través de su formación de bajo, guitarra, batería y teclados, arma la base del Groove sobre la que se desplazan libremente músicos invitados, que varían por fecha y que interpretan distintos instrumentos como saxo, trompeta y flauta traversa, entre otros.

Pero esa es sólo una parte de la noche, ya que el evento rompe su continuidad con intervenciones performáticas de alto nivel artístico, cómico e irónico llevadas adelante por JUAN XIET y POESÍA ESTÉREO, grupo conformado por SEBASTIÁN KIRZNER y DIEGO ARBIT. (http://www.youtube.com/watch?v=8Nc5pfFEBnQ http://www.youtube.com/watch?v=m3-tZeC12lA&feature=related http://www.youtube.com/watch?v=UTD_7prvP6w&feature=related )

Más info de El emergente bar: http://elemergentebar.blogspot.com/

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lunes, 9 de agosto de 2010

Extracción de En las paredes de la fábrica de hombres ( novela del año 2001)

Por las noches no podía dormir. Caminaba de una pared a otra buscando poner en blanco mi mente. Las imágenes del curso me molestaban, era patético pero las palabras la gran farsa de Clo-clo mi complicidad con Clo-clo con el sistema de explotación de la gente la mentira el fusilamiento de sueños con una sonrisa te explico como te vamos a recagar soy tu empleador pero a la vez un empleado vos podés llegar a mi lugar rompete el culo cagate en tu vida cagate encima llená de mierda a tus subordinados que así van a trabajar mejor ¿no me creés? ¿no estás seguro? tratá de hacerte el buenito todo el tiempo y vas a ver como te pasan por encima vas a ver como te quitan el puesto tu casa tu familia tu vida entera, tu trabajo. Nada más y nada menos. Es muy lindo andar de buenito todo bien pero así no va, existen pautas, y las pautas hay que cumplirlas, “bueno viejo, te deseo suerte, bienvenido a Clo-clo” me dijo mi jefa de personal con una cordialidad severa, seca. Era mi primer día de trabajo real en el supermercado ¿Qué hacés acá Dieguito? ¿Cómo llegaste a esto?
Hasta que me presentaron a mi supervisora, Casandra Ballenato, no pensé que tamañas dimensiones pudieran entrar en un pulóver, me es imposible calcular cuántas ovejas hicieron falta para juntar la cantidad de lana necesaria. He ido al zoológico de niño, me ha impresionado con una grotesca simpatía el hipopótamo por su forma de caminar bostezar cagar o moverse, pero aunque encuentro en Casandra Ballenato algún punto de comparación con dicho animal, debo decir que la primera impresión no fue grata, no vi en mi vida al hipopótamo una vez, lo he visto muchas veces, pero aún con la experiencia de enfrentarme anteriormente en reiteradas ocasiones a un espécimen similar a la señora Ballenato me sentí superado. Quizás el hecho de que el animal no estuviera enjaulado. No lo podría asegurar.
Mis primeros días de adaptación fueron confusos, trataba de retener los rostros y nombres de mis compañeros de trabajo intentaba contestar a los clientes mientras cobraba atenderlos bien, me había encaprichado con ser responsable, “pero como no señora , pero como no señor”, ¿y el mareo la presión el desencanto?, me tenían cagando y no lo podía manejar. La cola llegaba hasta la otra punta del supermercado. Casi todo el mundo me puteaba decía estar una hora esperando que le cobre había que aumentar la velocidad, “este billete es falso señora”, 50 pesos, casi una semana de trabajo en el supermercado, si me agarraban con un billete falso tenía que firmar un vale por adelanto de sueldo, en el recibo aparecería como adelanto de sueldo, pero el billete se lo quedaría Clo-clo para el libro de billetes falsos, una gran carpeta repleta de billetes “observen bien atentos aprendan cómo son los falsos aprendan de las desgracias de sus compañeros pero miren rápido que hay mucha gente comprando a trabajar muevan el culo saquen clientes tengan una buena productividad, su principal función es sacar clientes”, pero la señora tenía 50 pesos falsos y había que esperar que dejara de gritar, Casandra Ballenato trataba de explicarle que no podíamos aceptar un billete falso porque el banco lo iba a rechazar, lo iba a sellar como falso y se lo iba a quedar, mientras tanto la gente de la cola a las puteadas, y cuando por fin empecé a cobrar todo el mundo me explicaba que recién le dieron el billete en el banco. “Es bueno me lo dieron en el banco” me contaba una vieja asustada no vaya a ser era su única plata, cada dos días, o cada tres días, su hijo mayor conseguía algo de plata de alguna changa o de su antiguo patrón, Don Francisco echó a Marianito hijo de la señora Claudia cuando se fundió. Marianito llegó una mañana a la fábrica y la fábrica estaba cerrada. Marianito tardó tres meses en conseguir la dirección de Don Francisco. El sol pegaba muy fuerte esa mañana que Marianito tocaba el timbre del chalet donde vivía Don Francisco. Don Francisco salió con un revólver en la mano. Mientras apuntaba a la cabeza de Marianito explicaba a los gritos lo ladrón parásito todos querían quitarle su plata, el fisco la municipalidad el banco y ahora Marianito, quién mierda se creía Marianito negro de mierda para venir a su casa adelante de toda su familia y romperle las pelotas por unos pesos de mierda. El rostro duro desencantado de Marianito no pudo evitar lagrimear. “Me debe 7 meses de sueldo. Gasté 3 pesos que me prestó una vecina en llegar hasta acá. Tengo una familia que alimentar. Le estoy suplicando por las buenas lo que me debe Don Francisco”, dijo Marianito con la voz ahogada. Esa mañana se fue con treinta pesos. A los dos días Don Francisco le dio 50 y a los tres veinte. Desde hacía un año más o menos Marianito intentaba ir cobrando lo que Don Francisco le debía. La señora Claudia, viuda jubilada de casi 70 años no sabía nada de billetes. La noche anterior Marianito llegó con 50 pesos arrugados a su casa. “Me lo dieron en el banco” me explicaba Claudia asustada. Pero el billete era falso y yo no la podía ayudar. Casandra Ballenato tampoco. Y para colmo la gente de atrás a las puteadas... “Buenos días ¿Clo-clo se los frunce?... Buenos días ¿Clo-clo se los frunce?...”
Las paradojas las injusticias el maltrato el acto miserable de controlar llevaba a posibles situaciones ridículas. Veamos este ejemplo. El máximo de diferencia permitida en sobrante o faltante de dinero a un cajero de Clo-clo era de dos pesos. En cualquier momento de mi jornada laboral podía hacerme un superior, sea un auxiliar de cajas sea mi supervisor (el hipopótamo anteriormente descrito), un arqueo de caja. Si al contar la plata mi caja daba mal se recontaba con mi control. Si el recuento daba igual se documentaba el error en mi ficha “fucsia”. Todos los empleados de Clo-clo teníamos una ficha “fucsia” que controlaba nuestros errores, sólo los errores eran documentados. Ahora bien, podía ocurrir que un cajero tuviera a las 15:30 un faltante de caja de dos pesos con tres centavos. El cajero debía firmar vale por toda la cantidad, no sólo los centavos, y seguir con su trabajo. Al final del día la caja podría tener una diferencia de sólo 1 peso con ochenta y siete centavos. La caja dio bien. Pero de cualquier manera el faltante quedaba documentado y el vale firmado. El anticipo aparecía en el recibo mensual y no había discusión que valiera con la señora Ballenato. Si sucediera que ese mes uno tuviera algunos errores más, una falta justificada o no un pedo desubicado una sonrisa molesta para la supervisora un día malo del auditor de cajas y uno podía perder los premios y quizás hasta los tickets. Uno se había matado laburando todo el mes por una miseria, pero resultaba que al final la miseria era menor. Y uno se agachaba, que se le iba a hacer, afuera llovía nadie en la calle el supermercado vacío. Todos los empleados esa tarde más descansados miraban la vereda contaban las horas que faltaban para irse. Un borracho amagaba con entrar pero seguridad lo echaba. El borracho cantaba con una hermosísima voz cada vez que entraba. Al de seguridad le gustaba pero lo tenía que echar. Era su trabajo. La voz se acercaba y alejaba bruscamente. En mi quietud trataba de seguir la canción. Trataba de aferrarme a la melodía. Cuando la lluvia pasó cuando vino toda la gente junta apelotonada queriendo comprar yo tarareaba la canción entre dientes y desafinando. Esa melodía fue una bendición y yo ni siquiera pude ver la cara del borracho. Nunca más apareció. Mi homenaje anónimo en las calles de Villa Crespo con su desencanto sus árboles ancianos que me acompañan con su viento melancólico, tantos pasos a ningún lado por las calles de mi ciudad tanta tristeza cabizbaja tantas historias tristes repetidas en las paredes de mi ciudad mi barrio de la infancia. Apolinario Figueroa al 200. Luis Viale y Olaya. Warnes y Scalabrini Ortiz. Camargo y Lavalleja. Una vueltita corta antes de llegar a casa. Serían ya dos meses que trabajaba en el supermercado... “Buenos días ¿Clo-clo se los frunce?”

Orquesta Trompa de Elefante. Festival HOLA STANDARTE 2010

Dorma - Poesia Estereo

lunes, 12 de julio de 2010

Extracción Tríptico (Co editado con Darío Semino y Fabio Guerrero Arévalo

I
Leandro



No esperaba volver a hablar tan pronto en realidad, mi idea era llamar al silencio por un tiempo. Pero las cosas se dan de una manera y de esa manera andamos de acá para allá, empujados por algún capataz invisible por la angosta entrada del corral donde se guarda el ganado. Todos los pobres personajes los sumisos personajes que habitamos esta ciudad, porque en esta ciudad empieza esta historia, en Buenos Aires, en Argentina, todos estos transeúntes que sin sentido recorren la ciudad, enojados con su destino, con su rutina diaria que devasta todo toda esta vida sin sentido toda esta humanidad resentida violenta y triste como la ciudad, que se choca y muge adentro del corral... No quería volver a hablar tan pronto en realidad, tan pronto no, en un rato. Pero al rato ya tengo otra historia para contar y es de ésta en particular sobre esta sencilla historia quería hablar, esta historia que comienza con dos protagonistas, uno, Leandro Torbi, un vendedor ambulante que se cree escritor. Leandro anda por los bares de la ciudad vendiendo sus libros, sus palabras. Por alguna razón que desconocemos Leandro le da mucho valor a sus palabras, y por esa razón que desconocemos anda por los bares de la ciudad, casi todos los días de la semana tratando de vender y difundir sus palabras. Pero sus palabras no gustan a algunas personas, algunas personas se ofenden con lo que Leandro quiere decir en sus libros, y es que no es muy agradable la forma de escribir del muchacho. Ahora mismo una señora mayor se pone furiosa con un párrafo de Torbi, una curiosa página al final del libro consta de una larga lista de agradecimientos, al final de los agradecimientos aparece una maldición, transcribo esa maldición tal cual la escribió Torbi para que tengamos una idea de como se refiere el vendedor ambulante a las cosas y a las personas.
“Pdata: En ediciones anteriores aparecía en la lista de agradecimientos la gente de Gigir. Ojalá se les pudra el alma, que las peores pestes y el cáncer más doloroso los invada, que la peor desgracia caiga sobre sus familias. Es muy feo jugar con los sentimientos de las personas.
No tienen idea hasta donde puede llegar la maldición de un poeta.”
Qué fue lo que le pasó con la gente de Gigir quizás más tarde lo sabremos, pero esa pregunta muy natural no se la hizo la señora Zunilda Atrofocia Martín Álzaga. La señora Álzaga gozaba de un dinero importante de una comodidad que acompañó toda su larga existencia, la señora Álzaga vivió setenta y dos años en esta tierra de nadie, pero en su corazón guardaba un peso una desazón una desilusión irreparable, ciento treinta o ciento cincuenta años sin sentido sin una satisfacción sentía que vivió Zunilda Atrofocia Martín Álzaga. La señora Álzaga, que es la segunda protagonista de este primer capítulo de esta historia se denominaba señora por capricho de vieja, porque nunca visitó lecho alguno, nunca durmió de otra manera que en soledad. Compartir su olor con el de otra persona le repugnaba, su casa grande la recorrió por años en soledad. Es cierto que en su juventud se masturbaba, en el baño en el almuerzo familiar en la casa de sus tías muy cerca de sus tías incluso con sus tías mientras tejían. Es verdad todo eso, y también es verdad la culpa que Zunilda sentía, mucha era la culpa, culpa en el almuerzo familiar en el baño en la casa de sus tías. Pero la culpa no calmaba el ardor el fuego que su chucha segregaba. La señora Álzaga tras horas de frotado de clítoris luego de ejercitar sus dedos metía cuanto podía en su agujero, dados, botellas, muñecas, zapatos, pequeñas libretitas, Romeo y Julieta, La Ilíada, El Martín Fierro, agujas de tejer hasta el fondo que luego buscaban su tías, a veces con las manos a veces con los dientes. El ardor era muy grande el fuego todo lo incendiaba, y Zunilda no se podía calmar, a Zunilda nada la calmaba. Zunilda sabía que estaba pecando, sabía que era una gran pecadora, y como pecadora que era le temía a Dios, Zunilda temía a Dios, a su venganza. Esa venganza no tardó mucho en llegar, porque toda la Familia de Zunilda, madre padre y hermanas, murió en un accidente cuando ella tenía apenas diecisiete años de edad. Zunilda sabía que era la pecadora la responsable de ese desastre, y sabía que si seguía pecando la ira de Dios iba a continuar, pero Zunilda seguía cachonda. Toda la semana de Luto en la casa casi vacía de los Martín Álzaga Zunilda le dio sin asco a la chucha, por la mañana, terminando por la noche, antes de descansar, a veces incluso un poco mientras dormía. Fue por eso que Zunilda no pudo más de tanta culpa y se castigó echándose nafta en la chucha y tirándose un fósforo encendido delante de las tías, la chucha se encendió y las tías tardaron en poder apagarla. Tres meses estuvo internada en un hospital Zunilda Atrofocia, los tejidos destruidos entre sus piernas perdieron toda sensibilidad, a veces se meaba es verdad, pero ya no era una pecadora.
Zunilda dedicó el resto de su vida a la lectura de poetas puritanos y novelas rosas, muchos años después, en su ancianidad dedicó su vida a los libros de autoayuda, y ella misma se animó a escribir algunas cosas, llenaba y llenaba sus libretitas con palabras, casi siempre sentada en un bar. Y sentada en un bar fue como llegó a su mesa un libro de Torbi. El libro de Leandro en verdad la impresionó, leyó algunas páginas sueltas, pero cuando terminó de leer la maldición a Gigir fue demasiado. Zunilda habló a Torbi un rato largo, intentaba hacerle entender lo mal que hacía en escribir esas cosas, ella le deseaba lo mejor a Torbi, le deseaba que se convirtiera en un gran escritor, pero le pedía por favor que no escribiera esas cosas, es que esas cosas la asustaban. Pero Zunilda notó que no conseguía convencer al vendedor ambulante, que se creía escritor, y por eso Zunilda no le devolvió los libros a Torbi, le compró ese libro y todos los libros que Torbi tenía en su mochila. A todos esos libros Zunilda los quemó, y siguió comprándolos a todos, para quemarlos. Zunilda llamaba a Torbi varias veces por día, muchas veces en realidad, y le leía algún capítulo de un libro de autoayuda, si no atendía le dejaba su lectura en el contestador. Torbi se volvió temeroso de salir a la calle, porque cada vez que salía la señora Álzaga se le aparecía, como por arte de magia, casi todos sus ejemplares iban a parar al horno, casi todas sus palabras desaparecían. Sin embargo Torbi se dio cuenta que no estaba tan mal que pocas personas recibieran sus palabras, porque alguno que otro libro la señora Álzaga no podía rescatar, no estaba nada mal el dinero que la señora Álzaga le daba. Gracias a ese dinero Torbi escribió más libros, muchos libros en realidad. Palabras y palabras sin sentido que llenaban a la vieja de fantasías macabras, que hacían que la vieja se meara antes de quemar los libros. Casi a tres manos escribía Torbi para recibir el dinero de la señora Zunilda Atrofocia. Casi no podía escribir más, ya casi no podía escribir más, pero más libros más dinero, eso lo sabía Torbi. Por eso tuvo que revelar su pequeño secreto a un par de amigos, a su mina de oro la tuvo que compartir con un par de amigos pidiéndoles que le ayudaran a escribir un libro, lleno de injurias a Dios a esta vida espantosa a este destino irreparable de eternos corderos en el corral de los vencidos, esta vida sin sentido de acá para allá no termina nunca, porque nuestros hijos nos repiten siguen nuestra existencia prolongan nuestra podredumbre nuestra miseria nada nos va a enriquecer, quizás materialmente la señora Zunilda, y la vida acomodada que le ofrecía Zunilda convencía bastante a Leandro Torbi.
Esta historia apenas empieza, sus ramas son interminables y sus protagonistas cambian en cada página quizás, porque a cada página el narrador cambia, y quién sabe qué es lo que puede pasar, allá los miedos de uno se mezclan con las fantasías ridículas de otro narrador, acá mismo las miserias de uno no se comparan con las miserias del próximo escritor, estos tres miserables que dedican sus horas miserables a respirar la mierda de la ciudad, la mentira de la ciudad, la miseria de la vida se respira en estas páginas quizás, en algunas páginas quizás, ya veremos...

martes, 29 de junio de 2010

Extracción de mi libro Nada para nadie, año 2008

La vida no es otra cosa que bruma y viento la memoria ese ventolín que te susurra que te dice cosas en presente cosas que pasaron que ya no están más, o que sí están, porque lo que sale a la luz duele, golpea el estómago, arde en las costillas, los recuerdos que quedan guardados marean y deshidratan, los recuerdos que tengo para contar en este libro o en algún otro libro hasta cuando son felices muy felices duelen hasta sacar lágrimas, y este recuerdo que quiero contar no es feliz, para nada....
Yo ya estaba saliendo con Griselda, Fabián y yo entonces, como les había contado, muy bien no andábamos. La vida en sí era complicada y confusa. Habíamos tomado el tren desde Paso del Rey hasta Moreno colados, y esperábamos ahora sentados en un banco en la plaza principal la llegada del colectivo de Fabián hasta La Perlita o del mío hasta Las Catonas, Complejo habitacional Las Catonas de Moreno, en ruta 23. Ya ni me acuerdo qué le estaba contando a Fabián aunque sí recuerdo que él no me prestaba mucha atención, cada tanto bufaba. Él y yo en lo que estábamos de acuerdo era en encontrar a una linda chica como para mirar en algún lado, buscábamos y comentábamos que no había nada a esa hora. Pasó un chabón de unos cuarenta años, le comenté a Fabián que lo único que se podía levantar de noche eran chabones. Los putos eran los que mandaban en Moreno, por la noche, y en ese momento era de noche, muy tarde. Y el chabón no sé si escuchó el comentario o qué pero se sentó en un banco cerca del nuestro.
Llegó el colectivo de Fabián. Fabián bufó, se paró y se marchó. Me fui a la parada. En cuanto llegué a mi parada sentí que me tocaban el hombro. Era el chabón.

Chabón:- ¿Fumás?

Yo:- No.

Se encendió un cigarrillo y me guiñó el ojo, me agarró fuerte un brazo. Me llevaba una cabeza el chabón, tenía una espalda grande, casi no había gente, a ver a ver. Un mendigo sin piernas medio dormido acostado al lado de su vómito, un par de puesteros, uno que vendía golosinas y otro que tenía un buffet al paso, que miraban de reojo la situación pero sin hacerse cargo. Una madre con un hijo medio tonto. Un par de borrachos, cinco o seis tipos que venían de trabajar, con la cabeza gacha, esperando el 203, el 203 me dejaba bien, y la parada estaba más llena que la del 311. No dudé, me solté y me fui a la otra parada de colectivo. Pero otra vez me estaban tocando el hombro. Tenía el chabón una placa de policía. Lo miré, miré como estaba vestido, un sobretodo grande, así que además de una placa podía estar armado, aunque no me preocupaba tanto el arma reglamentaria en ese momento como la garcha, porque que me quería garchar no había dudas. Nunca me habían querido violar, chabones que me querían garchar sí, muchas veces, y cerca de los trenes mucho más, es muy normal que busquen pendejos lo más adolescentes posible, entre 13 y 17 años, 18 quizás, como para empomarlos distinto tipo de degenerados y alienados en el tren o en sus alrededores, pero violar es otra cosa, y el chabón se sentía con bastante libertad de hacer lo que quisiera, con su sobretodo, con su placa supuestamente de policía, con su posible arma reglamentaria o por qué no ilegal, y su garcha, no había dudas de su garcha, creo yo.

Yo:- Pasame la placa ¿Yo cómo sé que esta placa es legal?

Chabón supuesto rati:- ¿Eh?

Yo:- Dejame ver la placa por favor.

Me prestó la placa, me di cuenta que temblaba, porque mi mano sacudía muy rápido a la placa del supuesto rati, y yo no la podía parar, lo intentaba, de verdad lo intentaba, pero la mano temblaba, pero la mano y el resto de mi cuerpo temblaba cada vez más.
El chabón me sacó la placa y se la guardó.

Chabón supuesto rati:- Me vas a tener que acompañar.

Yo:- Yo no te acompaño a ningún lado, matame si querés, pero ni en pedo te acompaño.

Chabón supuesto rati:- Me vas a tener que acompañar.

Se le iba la voz cuando hablaba, estaba realmente caliente el hombre, casi no le salían las palabras. Ponía todo el tiempo una sonrisa asesina mientras me hablaba, tratando de acercárseme.

Yo:- ¡Salí de acá! ¡Forro!

Chabón supuesto rati:- ¿Cómo?

Yo:- Ya me oíste forro.

Me di vuelta. Ya llegaba el colectivo. La gente y yo subimos, él se quedó parado y me miraba, mal me miraba. Yo me hacía el distraído en mi asiento, ya salía el colectivo, cuando el chabón subió. Le mostró la placa al colectivero y lo dejaron pasar. La verdad que ver que el colectivero se tomaba en serio la placa del chabón me asustó por sobre todas las cosas. La cosa se ponía cada vez más fea. De cualquier manera yo estaba en un asiento de dos, del lado de la ventanilla, del lado del pasillo estaba sentado uno de los que venían de trabajar. Moreno oscuro con su ruta oscura y con su miseria, y el colectivo en penumbras y silencioso, triste y silencioso qué triste vivir ahí, qué triste respirar esa noche en Moreno, aunque por lo menos algo me había calmado mirar por la ventanilla, la nada, la nada misma, ahora quizás en la entrada del barrio La Perlita había un poco más de luz, y la había, si se veía claramente a tres borrachos que forcejeaban amigablemente por una botella de vino, nada más, tres o cuatro locales cerrados, nada más, casas y casas al costado de la ruta 23, alguien que caminaba solo y en paz, yo podría haber sido ese pibe si no me hubiese encontrado con este reverendo hijo de puta, que ya se sentaba adelante mío, y me miraba de reojo.

Yo:- ¿Qué me perseguís puto? ¿Te gusta hacerte el importante con esa placa putito? ¿Te hacés el importante con esa placa forro? ¿Yo cómo sé que es de verdad esa placa forro? ¡¡¡No me gustan los hombres chabón, no me persigas más!!!!

El tipo que estaba sentado al lado mío se paró y se fue a otro asiento. El chabón supuesto rati se sentó al lado mío.

Chabón supuesto rati:- ¿Qué te pasa? ¿Cómo es? ¿Primero provocás y después te hacés el no sé qué?

Yo:- ¿Qué?

Y ahí me acordé que yo había mirado al chabón mientras él pasaba delante de Fabián y de mí y que gracias a mirarlo fue que pensé que solamente chabones se podía levantar uno a esa hora en Moreno, increíble, como un mínimo gesto en un mínimo momento transmitido por un pensamiento de un segundo podía hacer acercarse a cualquier chiflado, e incluso a este chiflado que parecía bastante peligroso. Volvió a agarrarme fuerte el brazo. Volví a gritar, era el único arma que se me ocurría usar en esa situación. Pero aunque algunos miraban, ninguno movía un pelo.

Yo:- ¡Mírenlo bien a este tipo, me quiere llevar a no sé dónde por las malas mostrándome la placa! ¡Me llamo Diego Arbit, vivo en Las Catonas! ¡Cualquier cosa pregunten por mi vieja, ella es pediatra en la salita de auxilios del complejo!

No me animaba a decir mi dirección exacta por el chabón, no quería que me viniese a buscar alguna vez a mi casa.
Así que cuando el colectivo llegó a mi parada, en la entrada del Complejo habitacional me paré rápido pasé sobre el chabón sin pedir permiso toqué timbre y caminé casi a los pedos. El supuesto rati también bajó. Dónde voy adónde voy me decía era realmente desesperante, a esa hora no había nadie en las calles de mi barrio, casi todos arrinconados en sus casas. Y para colmo yo no me había hecho amigos por ahí, cuántos años hacía que vivía en el barrio, cuatro quizás, cinco años tal vez, y ni un amigo, ni uno. Veo ahora a la lejanía y me parece que realmente no me gustaba ese lugar, no le tenía mucho cariño que digamos.
Tenía que ir a la casa de algún amigo o amiga de mi vieja, de ellos conocía algunas direcciones, el tipo me seguía, ¿Y qué le decía al que me recibiera? ¿Qué un tipo me quería violar? Y sí, eso mismo era lo que le podía decir, no se me ocurría otra cosa, mejor hacer de cuenta que iba a mi casa, que tocaba timbre y listo. Eso hice, llegué a la puerta de la casa de unos amigos de mi vieja, hice de cuenta que apretaba el timbre y me quedé en la puerta, medio escondido detrás de una pared, donde el chabón supuesto rati no me podía ver porque estaba bastante lejos, a más o menos ochenta o cien metros mío. De cualquier manera caminaba el chabón a los alrededores como para estar seguro de si yo entraba o no a ese departamento. Pasaron unos cinco minutos y pensé que todo estaba despejado, salí de la puerta y a lo lejos el chabón me vio. Y se acercó caminando medianamente rápido. Toqué timbre, cuatro cinco veces bien rápido.

Desde adentro de la casa Nacho, el hijo de Ramiro Espumoso:- ¿Quién es?
Yo:- Diego, el hijo de Silvana. Necesito que me abras rápido hay un tipo que me viene siguiendo desde Moreno, no sé bien qué quiere, por favor abrime viene para acá.

Nacho abrió, la madre, amiga de mi vieja se fue a su pieza. Nacho estaba tomando mates. Me ofreció un mate, estaba bastante lavado y tibio pero me vino bárbaro.

Nacho:- Quedate tranquilo, no pasa nada, quedate el tiempo que haga falta.

Yo:- Nunca me había pasado esto, es increíble, yo gritaba diciendo que el tipo me estaba persiguiendo y nadie hacía nada, increíble.

No Diego no tiene nada de increíble. Moreno y casi todo el conurbano está hecho mierda en gran parte porque la gente que gobierna, la que tiene la guita para mandar sobre el resto consiguió que las personas no se ayudasen entre ellos, si se ayudaran, si fuesen buenos y se preocuparan medianamente por el de al lado, al poco tiempo realmente no haría falta ningún gobierno, ni la guita, ni nadie que les dijese lo que se puede o no hacer, con ayudarse amigablemente y respetuosamente alcanzaría a todos para vivir. Pero eso no pasa. Andan todos abandonados y feroces envueltos en su miseria y su mala fortuna. Pero bueno, es en realidad mucho más fácil conseguir que la gente se mate y se traicione y se envidie se viole se robe se caguen unos sobre otros a que se ayuden o den algo bueno de sí, eso es más difícil, hoy ayer y es probable que siempre.

Caminé un poco por la casa de la familia Espumoso. Ramiro Espumoso vivía con su mujer, pero separado desde hacía por lo menos un año. Ramiro era químico, y ganaba buena guita con su trabajo. Hasta que decidió que era artista plástico, cuando era joven, cuando recién se había casado con Olga Ramiro pintaba, y se drogaba mucho en la facultad. En realidad se había anotado en la carrera de química para experimentar con distintas drogas. Así fue como una de las tantas veces que drogado con Olga se acostó ella quedó embarazada. Y así fue como Nachito nació. Fue el único hijo que tuvieron los dos. Olga, que estudiaba con él no se recibió. Ramiro sí. Curiosamente ella era la apasionada en su carrera, y él no. Así fue como un polvo intervino duramente en el destino y las pasiones de estos dos personajes. El hijo fue creciendo y de alguna manera tuvo que ser bastante responsable, no era el hijo único típico, era copado y bastante ubicado, trabajaba de distintas cosas desde bastante chico. Tenía buen diálogo con Olga, cuando fue creciendo además de madre e hijo Olga y Nacho eran buenos amigos. Con Ramiro era otra cosa. Él nunca estaba en casa. Su cuerpo con los años le dijo que no podía drogarse más, así que eso hizo, en cambio empezó a comer, y subió cincuenta kilos, su salud obviamente siguió mal. Decidió entonces Ramiro, veintidós años después del nacimiento de su único hijo, que quería volver a su única pasión, el arte. Pero aunque lo intentó ya no era un buen artista, todo lo contrario, era muy malo, muy muy malo, pintaba muy mal, muy mal, horrible lo que hacía Ramiro. Él lo sabía, ya no sentía lo mismo frente al lienzo. Olga ya no tenía casi ningún contacto con su única pasión desde que Ramiro había renunciado a la química, la carrera se había cortado para ella pero como Ramiro siguió los pasos que ella hubiese querido seguir de alguna manera estaba en contacto, no tanto charlando con Ramiro, porque realmente él cuando venía del trabajo casi nunca quería hablar del tema, sino por los amigos en común. Todos eran químicos, o médicos, o físicos. En las reuniones de amigos Olga hablaba y se emborrachaba, y a veces hasta se drogaba cada tanto, siempre a espaldas de Ramiro, y a sus espaldas también lo corneaba otro poquito, tampoco tanto, para sentirse mujer, para sentir que no había dejado de ser mujer, con eso se contentaba. No era una madre apasionada, pero era inteligente, era práctica, y era una buena persona, al igual que Ramiro, así que aunque nunca estuvieron muy presentes en la vida de su hijo le mostraron, mientras él fue creciendo cómo desenvolverse en la vida sin ser demasiado malos, sin ser demasiado crueles, quizás ya sin pasiones a la vista, pero con sentido común, y disfrutando de algunas cosas que la vida les regalaba. Nacho que no era tonto supo ver eso, y así fue que nunca se quejó demasiado de lo que le tocó, era rápido para ver lo que pasaba a su alrededor y para decidir qué cosas le convenían y qué cosas no. Era también un gran pintor, muchas veces llenaba sus cuadernos con ilustraciones increíbles. Yo las vi esa noche, y la verdad me impresionaron, se lo dije, pero él no me respetaba mucho en ese momento como para tomarse en serio mi opinión. Más bien se alegró cuando me fui, media hora más tarde.
Di un gran desvío para llegar a mi casa. Caminando pegado a las afueras, lejos del arroyo las Catonas y cerca de una arboleda, casi un pequeño bosque muy lindo para caminar por la tarde, pero siniestro de noche. Escuché unos ruidos, un nene gemía, un bulto se movía sobre el nene que gemía. Agarré una piedra muy grande y golpeé una vez, golpeé dos veces, golpeé tres. Miré su cara, no era el tipo que me estaba siguiendo, era un viejo gordito. Me quise acercar al nene pero salió corriendo rápido, y no pude verlo en la oscuridad.
Al viejo le chorreaba sangre sobre la cabeza. Caminé hasta el arroyo con la piedra en la mano dispuesto a tirarla ahí para que desaparecieran las pruebas. No era muy inteligente lo mío. Y ahí lo vi, el tipo que me estaba siguiendo estaba de cuclillas frente al agua podrida, llorando. Me vio y trató de poner su mirada asesina. Lo amenacé con la piedra manchada de sangre y se impresionó. Se paró y se fue. Lo vi tomarse un colectivo al centro de Moreno a los pocos minutos.
Ya más tranquilo tiré la piedra en el arroyo y me quedé sentado mirando el cielo, cuántas estrellas, qué lindo.
Nunca supe del viejo, no creo que lo haya matado porque no hubo ninguna noticia sobre él, ningún tipo de noticia sobre él. Y cuando había un muerto en mi barrio nos enterábamos, hubo muchos muertos, muertes violentas hubo muchas, pero nos llegaba la noticia. Así que se habrá vuelto a su casa. Hijo de puta, viejo y la rechoncha de tu madre.
Nunca le conté lo del cana en el colectivo a nadie, ni a mi novia, ni a mi familia, y tampoco a ningún amigo, nada más que a Nacho, esa noche, no sé si me creyó o no, pero gracias por bancarme un rato, en serio gracias Nacho, vino bien. Me enteré que no hace tanto tu viejo se murió. Qué garcha. Cuando Nacho se tomó un poco más en serio la pintura e hizo algunas exposiciones su viejo enloqueció un poquito, Nacho tenía buenas respuestas del público, lejos estaba de ser exitoso en lo suyo, pero se sentía contento. Eso a Ramiro no le hizo bien, todo lo contrario. Se fue de su casa definitivamente, vivió en pensiones y su salud fue desmejorando y desmejorando, hasta que se murió. Solo. Cada vez más solo. Da miedo eso, morir solo, pero pasa mucho entre los artistas, tanto mirar para adentro, tanto mareo y confusión no ayuda a veces a fortalecer vínculos, ojalá no me pase, ojalá que no....

viernes, 25 de junio de 2010

Fecha en Casa Rosa

Hoy 25/6
Valeria Cini y Luvi Torres juntas
Nota negra
Poesía en Estéreo
Orquesta Trompa de elefante
Trío Van Lacke/Themier/Bustos
En La casa rosa
Vallejos 2606 (esq. Bolivia) Villa Pueyrredón
Bondis 114, 107, 168, 87, 123, 108, 176, 110, 111
A la gorra